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El teorema de Nisman

Como –a diferencia de las matemáticas– en lo referido a Justicia y poder político el orden de los factores sí altera el producto, el teorema de Nisman tenía una falla: convertía “hipótesis” en “tesis”

04 de abril de 2015 a las 12:01 a. m.
Claudio Fantini*
El teorema de Nisman

A esta altura del laberinto argentino en el que deambulan extraviadas la muerte de Alberto Nisman y la investigación que la provocó, es posible plantear una teoría sobre las intenciones y razones que impulsaron al fiscal a desatar el cataclismo que le costó la vida. Como –a diferencia de las matemáticas– en lo referido a Justicia y poder político el orden de los factores sí altera el producto, el teorema de Nisman tenía una falla: convertía "hipótesis" en "tesis". Comenzó por el final, en lugar de hacerlo por el principio.Si en vez de empezar acusando a la Presidenta y a su canciller, empezaba denunciando a los funcionarios y dirigentes kirchneristas que parecían impulsar una diplomacia paralela para que Argentina desistiera de acusar a Irán, es probable que estarían respondiendo ante la Justicia Luis D'Elía, Andrés Larroque, Fernando Esteche y otros. Es fácil inferir que si Amado Boudou intentó apropiarse de Ciccone, fue por indicación de Néstor Kirchner. Pero la acción judicial comenzó por el principio y ahora el vicepresidente está encaminado al banquillo de los acusados. El mismo orden lógico siguen las causas de Lázaro Báez. En cambio, D'Elía, Larroque, Esteche y demás presuntos tramitadores de impunidad no están rindiendo cuentas ni explicando las oscuras gestiones que realizaban a la sombra del poder. En el caso Watergate, primero se imputó a los cinco agentes del grupo Operación 40, de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), que entraron ilegalmente al búnker demócrata, y después la investigación fue subiendo hacia las cercanías del presidente, hasta llegar a la acusación que hizo renunciar a Richard Nixon.También fue de abajo hacia arriba la investigación que derivó en el impeachment y la caída de Fernando Collor. Comenzó con la imputación del tesorero de la campaña electoral, Paulo César Farías, por cobrar millonarios sobornos a empresas interesadas en concesiones y licitaciones del Estado brasileño, y desembocó en la verosímil sospecha de que el presidente ordenaba esas cobranzas. No siempre se llega hasta la cumbre. Ronald Reagan sobrevivió al Irangate; pero la venta clandestina de armas a la teocracia persa le costó el cargo al consejero John Poindexter y el procesamiento al coronel Oliver North. A juzgar por el orden en que planteó el "Irangate" de Cristina, en los ejemplos históricos señalados, Nisman habría comenzado imputando a Nixon, Reagan y Collor de Mello.¿Por qué cometió ese error? Posiblemente porque vio en la tramoya que funcionarios y dirigentes urdían a la sombra del poder la oportunidad de dar un batacazo resonante que tapara los escasos resultados obtenidos en 10 años de investigación de la masacre de la Amia.Una Presidenta adorada por los suyos pero cuestionada por más de la mitad del país entraba en su etapa final. Las gestiones entre bambalinas, en las que allegados dicen hablar en nombre de ella, daban la oportunidad de algo espectacular.Pero si, por seguir un orden lógico, imputaba a quienes aparecen en las grabaciones comprometedoras, sería sólo una más de las acciones judiciales que proliferan en torno del liderazgo y avanzan pasmosamente hacia la cumbre del poder. En cambio, si su acción impactaba de modo directo en Cristina, se convertía en héroe de la vasta Argentina opositora, entraba por la puerta grande al "nuevo ciclo" y anotaba su nombre en un capítulo de la historia.

Verosimilitud

En el teorema de Nisman, las motivaciones que empujan al fiscal son la veleidad, el oportunismo y la ambición. Pero eso no implica que no haya estado convencido de lo que denunció.

En todo caso, la veleidad y la ambición le hicieron cometer el error procesal que le está permitiendo zafar a la pandilla que hacía diplomacia paralela. No obstante, aunque en su procedimiento el orden de los factores alteró de manera dramática el producto, lo que denunció es verosímil.

Si no hubiera verosimilitud en la acusación contra Cristina y Timerman, el Gobierno no habría reaccionado con un odio tan visceral, cometiendo la aberración de ensañarse con un muerto.

Sucede que la denuncia de Nisman es una explicación lógica de lo que el Gobierno no ha podido explicar de forma lógica: el Memorando de entendimiento con Irán.

Las revelaciones de exjerarcas chavistas que terminaron exiliados, más las cuentas abiertas desde Caracas en Irán y otros países, así como la cada vez más evidente

entente

entre Mahmud Ahmadinejad, el chavismo y el kirchnerismo, parecen confirmar que, aunque su motivación fuese innoble, su convicción no era en absoluto descabellada.

Era verosímil. Y eso, verosimilitud, es lo que debe tener la acusación de un fiscal para que se abra una investigación.

Bien lo sabe el Gobierno. Por eso, en lugar de permitir que se investiguen las pruebas que pedía el magistrado muerto y que, se supone, habrían descartado la culpabilidad de la Presidenta, se ensañó con su cadáver, lanzando una obscena campaña de difamación

post mortem

. Una campaña que, en definitiva, lo que muestra es el lado más oscuro y viscoso del kirchnerismo.

Como aquel siniestro juicio que, en la Iglesia del siglo IX, realizó Esteban VI contra el cadáver de otro papa. Sabiendo que juzgar y condenar al fallecido Formoso encubriría culpas propias, ese esbirro del Sacro Imperio hizo que lo desenterraran en estado de descomposición, lo vistieran con los atuendos pontificios, lo juzgaran en la basílica constantiniana y lo condenaran a la amputación de los tres dedos con que se imparte la bendición sacerdotal.

*Periodista y politólogo