El silencio de un hablador empedernido
Lo curioso es que Schiaretti, que ha hecho del “no comments” (sin comentarios) una herramienta política, presuma de empedernido hablador Jorge Camarasa
El gobernador Juan Schiaretti despidió el año que acaba de terminar dejando una sorprendente revelación: dijo que cuando está con la Presidenta, habla "sobre temas de la vida y muy pocas cosas (sobre asuntos) de gobierno". Y agregó: "Yo hablo siempre; soy el gobernador que más habla". Sin embargo, sucede que esa imagen de hablador empedernido que Schiaretti parece tener de sí mismo no termina de amigarse con la realidad. En los últimos tiempos, los sufridos cronistas que debían dar cuenta de su gestión chocaron media docena de veces con su infranqueable silencio cuando le preguntaron sobre la ley de medios, sobre los concursos en la Provincia o sobre el conflicto entre el Poder Ejecutivo nacional y la Corte Suprema de Justicia, entre otros requerimientos. A lo sumo, asistieron a algún gesto de fastidio cuando le pidieron su opinión sobre la toma de escuelas por parte de estudiantes secundarios. "El gobernador no va a hacer comentarios ni evaluaciones", dijo entonces, a principios de octubre pasado, hablando de sí mismo en tercera persona, un estilo de comunicación que hicieron célebre Diego Maradona y otros intelectuales argentinos. Riesgo y vacío. Nadie ignora que hablar entraña riesgos y que todo enunciado arriesga una respuesta o un escalofriante asomarse al vacío. Como decía Thomas Mann, el infierno es el del que habla sabiendo que nadie le va a responder. Sin el vuelo del autor de La montaña mágica , es la vieja idea de predicar en el desierto, el vulgar aforismo de que el silencio es salud o la certeza de que cada quien es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.Sólo que un gobernador es un gobernador y no un simple ciudadano de a pie y cabría suponer que su obligación, además de gestionar, es también la de expresarse a tiempo sobre temas públicos. Cuando regrese a su casa con el mandato cumplido, ya tendrá tiempo de no hacer declaraciones y de ejercer su derecho a estar en silencio y hasta de hacer un voto monacal ad hoc, si así lo decidiera. Pero mientras tanto, siempre y cuando no se le haya pedido que hable de su vida privada, de temas íntimos o de cuestiones personales, hubiese sido dable esperar que se expresara sobre los asuntos públicos.No parece haber nada de malo en que un gobernador y la Presidenta hablen sobre los temas de la vida. Mejor dicho: que también hablen sobre esos temas, porque dado que no abundan las ocasiones de tener un diálogo distendido y sin fricciones, las pocas que hay se podrían aprovechar para limar rispideces y superar enojos. En todo caso, lo que no deja de ser curioso es que alguien que ha hecho del no comments (sin comentarios) una herramienta política presuma de ser un hablador empedernido.

