El significado de gobernar
Estoy convencido de que la pobreza debe ser resuelta a partir de imponerles un límite a los grandes grupos concentrados.
Las encuestas actuales miden la necesidad de encontrar una salida a la crisis, la expectativa que genera lo nuevo. Pero los "brotes verdes" no aparecen todavía, y comienza a imponerse la pregunta más cruel: por este camino, ¿encontraremos dichos brotes? Al principio, todo parecía más simple; ahora nada tiene rumbo cierto. Para demasiados, el problema es el peronismo o Cristina Fernández, una manera de ver la realidad con anteojeras. Para otros, las cosas resultan mucho más complejas: Mauricio Macri no termina de enamorar y el peronismo no alcanza hoy para pensar el mañana.Claro que si se opina desde el punto de vista de los burócratas, desde gobernadores, intendentes y funcionarios varios, la cosa es distinta, se analiza todo desde el beneficio personal y no desde la angustia colectiva.Imagino que hay dos tipos de sociedades: las organizadas, que sólo necesitan una buena administración; y las que están en crisis, que requieren ser repensadas. Ahí se asienta el error del Gobierno nacional, que imagina que con un buen gerenciamiento las cosas mejoran, y los meses pasan en plena caída de todos los índices.Cuando hablamos de la crisis, ya todos nos referimos a los últimos 40 años. Queda claro que, después de tanto discutir el país que dejó el peronismo, terminamos asumiendo que la decadencia no nació con él, sino después de él. Cuando se habla del pasado, suelen imponerse dos miradas: una que culpa al peronismo por impedirnos ser un "gran país". En rigor, están cuestionando la distribución de la riqueza.Tuve ocasión de hablar con don Mario Hirsch, cuando Bunge y Born era todavía una gran empresa nacional, y recuerdo que me contó de sus encuentros con Miguel Miranda, presidente del Consejo Económico Nacional en tiempos de Juan Domingo Perón, y queda a la vista que dicho grupo se mantuvo y creció durante aquel gobierno.Luego vinieron los supuestos liberales Celestino Rodrigo, José Martínez de Hoz y Domingo Cavallo. Aclaro que tengo respeto por los verdaderos liberales, pero nada tienen que ver con los nombrados. Las consecuencias están a la vista. Casi todas las empresas nacionales pasaron a manos extranjeras y la miseria se fue imponiendo como dato central de la sociedad.La mentira fue cruel. Como las empresas daban pérdida al Estado, las vendimos para ahorrarnos el gasto. Cuando se llevaron las ganancias, sin un Estado que les impusiera límite al saqueo, la miseria se multiplicó para siempre.La trampa era brutal. Empresas monopólicas privatizadas para buscar la famosa "libre competencia". Desde los ferrocarriles hasta el juego y los aeropuertos, todas las concesiones se convirtieron en espacios de ganancia descontrolada.Las concesiones necesitaban subsidios, y los subsidios terminaron siendo una forma superior de corrupción a la propiedad del Estado.Nací en una sociedad en crecimiento; mis padres, con apenas el primario aprobado, pudieron mandar a sus hijos a la universidad. Estoy convencido de que la pobreza debe ser resuelta a partir de imponerles un límite a los grandes grupos concentrados.Es importante tener un servicio de TV cable pago, pero esa opción debiera ser la alternativa después de tener un servicio gratuito digno. El gobierno anterior impuso una gran ley de medios que servía para perseguir a disidentes, pero no para dar servicio a los que no podían pagarlo. Lo hicieron a lo Julio De Vido, gastando fortunas en un sistema que no llegaba a casi nadie y que además se utilizaba sólo para adoctrinar. Además de ser pobres, estaban obligados a ser oficialistas.Nuestra sociedad necesita ser repensada, enfrentar la concentración y limitar las ganancias de los grandes grupos. Los ingresos son semejantes a los de siempre; la distribución después de Carlos Menem es un camino sin salida a la miseria. Si llegara a haber "brotes verdes", no servirían de nada, porque caerían en las enormes fauces de los grandes grupos concentrados.Y hay algo que cuesta entender: la ambición, o mejor dicho la codicia, es una enfermedad incurable, que sólo encuentra los limites fuera de ella.En esencia, la corrupción fluyó como un gran acuerdo entre los grandes grupos económicos y el poder político, en el que ambos se enriquecieron y se convencieron de que el éxito que vivían abarcaba a toda la sociedad. Ahora que queda claro que la riqueza de muchos fue responsable de la pobreza de millones, ya nadie quiere hablar de lo esencial, de cómo devolverle riqueza al Estado para que sostenga a los caídos.* Politólogo

