El sexo en el deporte
¿Debe el competidor tener sexo antes o durante un mundial de básquet, rugby, ping-pong, ciclismo? Arnaldo Pérez Wat.
El 15 de junio de 1958, en el Mundial de fútbol de Suecia, Argentina perdió por seis a uno con Checoslovaquia y, en consecuencia, terminó última en su zona. El día de esa vital justa deportiva, varios integrantes de nuestra selección iban llegando por separado y salieron a la cancha en inferioridad de condiciones físicas debido a que por la noche habían estado de farra en una boite .
A fin de mes, cuando el equipo llegó a Ezeiza, la Policía Federal lo llevó en ómnibus al centro de Buenos Aires por rutas de tierra aledañas de la provincia. Muchos hinchas se habían alineado al costado de la autopista del Aeropuerto para "aclamar" a los jugadores; estaban armados con distintas clases de proyectiles. El diario La Nación explicaba el singular procedimiento con el título: "Retirada estratégica".
Entonces volvió al tapete la cuestión: ¿Puede el competidor tener sexo antes o durante un mundial de básquet, rugby, ping-pong, ciclismo? ¿Sería lo ideal que el atleta viajase con su esposa o su compañera al lugar del torneo?
Después de meditar en profundidad, hemos descubierto la pólvora: para saber si es higiénico y si moralmente ayuda o perjudica el sexo en esa circunstancia, hay que considerar caso por caso; y además, sopesar el entorno cultural, social y educacional del individuo.
Pluralidad y apertura mental. En cuanto a la pluralidad de estos últimos enfoques, recordemos que, si en ese año 1958, una familia estadounidense era invitada a almorzar por una familia sueca, podía ocurrir lo siguiente: sentados los comensales, observan que la hija de los anfitriones baja del dormitorio con el novio, ambos en pijamas, y se integran al grupo; y los norteamericanos se agarran la cabeza.
Es que culturalmente, en sexualidad, Suecia estaba unos cinco o siete años más avanzada que Estados Unidos y este país, también de cinco a siete más adelantado que Argentina.
Aquí, en esa época, por lo común, el novio iba a “firmar el libro” los jueves a la casa de su doncella y la sacaba a pasear sábados y domingos. Al mismo tiempo, los suecos mandaban películas en blanco y negro que ponían el problema sexual “al desnudo”, en el sentido literal y metafórico de la expresión.
De todos modos, es menester reconocer que en nuestra sociedad, la sexualidad siempre estuvo sometida a severas restricciones religiosas o morales.
Por otra parte, en el aspecto individual, hubo olimpíadas con campeones de 70 años, en tiro y en regatas. Son casos distintos del de un remero de 27 que fue educado con mucho celo, al lado de otro de la misma edad, con una preparación más permisiva. Este, cuando practique un deporte, experimentará que su libido (energía motriz de los instintos vitales en los cuales predomina el componente sexual) no se vuelve contra su propio cuerpo, sino al contrario.
Ahora bien, dividiendo y subdividiendo, vamos a encontrar que la cuestión es fractal, vale decir que, en el mismo atleta, habrá que ver cómo se encuentra día por día su persona y su físico. Por tanto, nos falta oír la opinión de especialistas sobre el particular: qué dice el traumatólogo, el cardiólogo o el psiquiatra sobre el accionar del levantador de pesas. O bien, en otro plano, el parecer o la opinión del sexólogo sobre si el onanismo resulta inocuo o no para el deportista.
Concluyendo: sobre el sexo en el deporte, no puede existir una prohibición absoluta para el competidor y tampoco es aconsejable enunciar leyes científicas muy generales. Ergo, hemos planteado el problema, pero hemos aclarado poco o nada, de manera que tendremos que volver sobre el asunto.

