El riesgo de las calificadoras
Estos ejecutivos, aristocracia del capitalismo salvaje, evitaron la prisión y acrecentaron sus fortunas. Juan F. Marguch.
En 1997, Robert Merton y Myron Scholes recibieron el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones sobre los derivados financieros. Fisher Black, que había realizado importantes aportes tétricos, había muerto dos años antes. De las hipotecas iniciales, se originaban productos derivados porque de ellas se derivaba el primer producto financiero (que participaba del juego de la Bolsa), y de la compra del primer producto derivado se originaba un segundo (también bursátil) y luego un tercero y así sucesivamente ad infinitum et ad náuseam (al infinito y en exceso). Las hipotecas subprime , de alto riesgo, suponían más del 60 por ciento del total. Diez años después del Nobel, en 2007, estalló la "burbuja inmobiliaria", una de las crisis financieras más graves de la historia. Los derivados fueron su causa más notoria y perniciosa. Durante algunos años, fueron el paraíso de las especulaciones, pero el tsunami sobrevino cuando las familias que suscribieron esas hipotecas dejaron de pagarlas cuando advirtieron que se habían hundido en movedizas arenas financieras, que se tragaron todos sus ahorros, todos sus sueños de riqueza fácil y gran parte de sus ingresos reales. Algo parecido a la precursora y funesta circular 1.050 del Banco Central de la Argentina, emitida en 1980, que ató las tasas de los créditos hipotecarios a los vaivenes del mercado y permitió a los bancos otorgarlos sin fijar los intereses.Miles de desesperadas familias perdieron sus propiedades y quedaron en ruinas. Pese a ello, José Alfredo Martínez de Hoz nunca recibió el Premio Nobel de Economía, otra infamia de la campaña internacional antiargentina, iniciada el 25 de mayo de 1810, o mucho antes. Infierno financiero. En los Estados Unidos y en España, los dos países más sacudidos por el tsunami financiero, la desesperación de los sectores de ingresos fijos que suscribieron esos productos denominados técnicamente "obligaciones garantizadas por hipotecas" (MBS, por sus siglas en inglés) fue como una fuga radiactiva del reactor bursátil resquebrajado por el meteoro, que el "jueves negro" del 27 de noviembre de 2008 se expandió por el mundo, aunque ya en 2007 se habían producido las primeras grietas y fugas inadvertidas. El camino del infierno financiero suele estar empedrado por brillantes teorías económicas. La aplicación libérrima de la Black-Merton-Scholes alcanzó altas cotas de irracionalidad: una propiedad cuyo valor de mercado era de 250 mil dólares trepaba rápidamente a un valor derivado de 2,5 millones y aún más. La mayoría de los suscriptores ya no podían pagar las amortizaciones. Y dejaron de pagar. Para contribuir a la devastación mundial, la economía internacional, hegemonizada por teorías neoconservadoras, había eliminado las regulaciones y los operadores en subprimes podían estafar a su sabor porque sus manejos eran legales: no había control alguno desde que se derogó la Ley Glass-Steagal y el inevitable George W. Bush les dio la máxima libertad de acción mediante una política que alabó como "ingeniería financiera". Venta de humo. La gigantesca venta de humo fue posible porque la gente creyó en la seriedad de las calificadoras de riesgo. Una reciente investigación del Congreso de los Estados Unidos denunció lo obvio: "Concluimos que los fallos de las agencias de calificación crediticia fueron engranajes esenciales en la maquinaria de destrucción financiera", apunta. "Las tres agencias fueron herramientas clave del caos financiero. Los valores relacionados con hipotecas en el corazón de la crisis no se habrían comercializado y vendido sin su sello de aprobación. Los inversores confiaron en ellas, a menudo ciegamente (...). Esta crisis no habría podido ocurrir sin las agencias. Sus calificaciones ayudaron al mercado a dispararse y sus rebajas de 2007 y 2008 causaron estragos", advierte el documento. Los investigadores se han centrado en los manejos de Moody's, una de las "tres grandes" (junto con Standard and Poor's y Fitch). Entre 2000 y 2007, consideró de máxima solvencia (triple A) a 45 mil valores relacionados con hipotecas, con métodos inaceptables, como cálculos falseados mediante modelos desfasados, presiones de las financieras y su decisión de ejercer una posición dominante en el mercado, a pesar de poseer un extenso historial de calificaciones erradas: WorldCom, Parmalat, Enron, AIG, Goldman Sachs, ABN Amro, Dubai Investments, todas calificadas triple A, todas quebradas. Hasta 2006, tardaba dos meses en analizar un producto financiero estructurado. A partir de ese año, se transformó en una verdadera "fábrica de triples A": ponía hasta 30 sellos de "AAA" por día. Los resultados fueron desastrosos. Los casos más notables fueron Bear Stearns, Lehman Brothers y AIG; incluso mantuvo "AAA" para Lehman aun después de su quiebra.Esos ejecutivos, aristocracia del capitalismo salvaje, evitaron la prisión y acrecentaron sus fortunas. Ahora son más prudentes. El 10 de marzo último, los mercados esperaban que el Banco de España presentara su informe sobre la solvencia de entidades y cajas de ahorro. Pero a primera hora de la mañana, Moody's sorprendió al mercado con una rebaja de un escalón en la nota de solvencia de España, aduciendo que el costo para el Estado de la capitalización de esas entidades se situaría entre los 40 mil millones y los 50 mil millones de euros. Pocas horas después, el Banco de España situaba el agujero en 15 mil millones.¿Advertirán algún día los gobiernos los riesgos que supone la libertad de acción de las calificadoras?

