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El pueblo soberano

¿Nuestros políticos nos representan o defienden sus intereses? El diseño democrático actual favorece la distancia entre los gobernantes y el pueblo. Enrique Liberati.

11 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Enrique Liberati (Doctor en Derecho)
El pueblo soberano

El modelo democrático se caracteriza por el uso de una considerable cantidad de ficciones. ¿Alguna vez hemos visto al Estado? Se trata de una entidad conceptual que corresponde a la realidad formal y a la que se la define como "la nación jurídicamente organizada". Los gobernantes son quienes administran los intereses del Estado y dirigen a todos los ciudadanos –por un período determinado– como representantes del pueblo. Otra ficción: ¿nuestros políticos nos representan o defienden sus intereses personales y partidarios? Actúan como si nos representaran, aunque la experiencia nos indica, en forma categórica, que no representan a nadie y todas sus acciones están dirigidas a mostrar una visible inclinación a aumentar sus intereses. Se enriquecen, utilizan estrategias demagógicas para permanecer en el poder y jamás dictan leyes que limiten sus atribuciones. Es más, muestran conductas parasitarias, corporativas, practican el patronaje y el clearing de favores y conforman una clase cerrada que impide la participación del pueblo en las decisiones que nos afectan a todos. Al respecto, el pensador y periodista español Francisco Rubiales expresa: "Los partidos son la maquinaria de dominio más sofisticada y avanzada creada por el ser humano". Por su parte, el politólogo Benjamin Barber afirma: "Estos titiriteros de la democracia empiezan con cambios de poca monta y terminan convirtiendo en chatarra a la propia Constitución. Gobernémonos a nosotros mismos; no hay nadie más que pueda gobernarnos", enfatiza. El diseño democrático. El hombre es un animal racional, social (afectivo), con tendencias competitivas, autointeresado, egoísta (en ocasiones, altruista) y con el impulso natural a maximizar sus beneficios y disminuir sus costos. No hay razones para suponer que los que se dedican a la política se comportarán como la madre Teresa y Mahatma Gandhi o tendrán un sueño como Martin Luther King. Aquí queremos mostrar que el diseño democrático actual –con políticos profesionales– favorece la distancia entre los gobernantes y el pueblo, por lo que es urgente y necesario abrir el juego hacia una participación activa de la mayoría de los ciudadanos para proponer soluciones que interesen a todos. Si no participamos y no exigimos de manera vigorosa una mayor injerencia en las decisiones públicas, seguiremos gobernados por la mezquina naturaleza humana. En parte, innata, y en parte, herencia cultural. Algunas propuestas. En esta época de tecnologías avanzadas, no se comprende que podamos prescindir de Internet. Los ciudadanos deben registrarse y opinar cuando se trata de asuntos de interés general. Por cierto, debemos tener en cuenta si el tema es factible de ser sometido a consulta popular y, además, si la opinión es vinculante para los funcionarios, atento a la naturaleza de las cuestiones y la posible cantidad de respuestas recibidas. Es una idea general que aún debe pulirse.Lo más significativo para lograr una auténtica democracia es pergeñar un proceso de transformación gradual. El poder debe residir en el ciudadano y para ello debe cambiarse la Constitución y dictarse una ley electoral acorde, según estos grandes lineamientos: 1) Prohibir cualquier reelección en las tres esferas de gobierno. Senadores, diputados y concejales deben durar dos años en sus mandatos y ser inhabilitados de por vida para acceder nuevamente al poder. 2) El titular del Poder Ejecutivo dura cuatro años en sus funciones y jamás podrá ser reelegido ni podrá ser candidato a algún cargo electoral en ninguno de los tres ámbitos de gobierno (nacional, provincial o municipal). 3) Debe cubrirse por sorteo el 20 por ciento de los cargos electivos, salvo el caso del Poder Ejecutivo. Todos los ciudadanos del padrón son candidatos con alguna limitación. Por ejemplo, una enfermedad que le impida desempeñarse en el cargo; que no sepa leer ni escribir o estar cumpliendo una condena penal. Sin discriminación alguna, podrán ejercer las funciones legislativas por dos años, cualquiera sea su profesión u oficio. Por caso: una oficinista, un empleado de comercio, una ama de casa o un peón rural. Nadie podrá ser reelegido, aunque se postule por algún otro partido. 4) Todos los elegidos , sea por representación partidaria o fruto del sorteo, percibirán una remuneración decorosa, más los viáticos, y conservarán su empleo en el mandato. 5) Los funcionarios no electivos –ministros, secretarios de Estado o subsecretarios– también accederán a sus cargos por sorteo, según se inscriban en sus respectivos colegios profesionales. De los cinco primeros del sorteo, el Poder Ejecutivo elegirá a sus colaboradores para la gestión de cuatro años. Por cierto, podrá reemplazarlo por el siguiente de la lista, si no está a la altura de sus funciones. 6) Un procedimiento similar se aplicará para las entidades autárquicas y las asociaciones profesionales. Cerramos con otro pensamiento de Francisco Rubiales: "No es cierta la sentencia, alimentada desde la política, que dice que 'los pueblos tienen los gobiernos que se merecen'. No es fácil encontrar un solo pueblo que sea peor que el gobierno que padece. La que sí es cada día más certera es la que dice: la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos", recordando a Konrad Adenauer.