El periodista y el “ni”
El filósofo sabe que la verdad que busca es inasequible. Para el hombre de prensa, el panorama de ese futuro riesgoso no resulta claro.
Al finalizar la mesa redonda sobre el divorcio, uno del público pregunta al periodista coordinador: "En concreto, ¿debe existir el divorcio? Sí o no". El hombre de prensa responderá que no hay manera de negarlo en forma absoluta; que hasta la Iglesia Católica y el Derecho Canónico enumeran causales de divorcio. Si se persiste exigiendo precisión sobre los hechos, es probable que, sin llegar al "ni", explique, no sin razón, que se impone analizar la estructura social donde surgieron las causas que influyeron en la separación.Es que no hay leyes definitivas ni procedimientos específicos que lleven a una respuesta precisa. Para evitar interpretaciones erróneas, habrá que analizar ciertos casos específicos. Ejemplo: ¿qué psicólogo social puede afirmar que el divorcio es bueno para los hijos a los que afecta? Aunque tampoco se sabe si para estos chicos es peor seguir viviendo con padres que se pelean.Tampoco el psicólogo, prima facie , puede conocer si los hijos sufren más por el divorcio mismo o por el conflicto que llevó al divorcio. Estamos pues redondeando, pero no se debe tildar a las respuestas de indecisas. No obstante, nunca falta el epígono que espeta al cronista: "Decidite, viejo, comprometete".Digresión: en política, y en cierto porcentaje, ese "comprometete" significa "comprometete con nuestra causa". Sea otro planteo. En la década de 1960, se recibió en Radio Nacional Córdoba un audiovisual sobre drogadicción destinado a los jóvenes. Algunas de las imágenes truculentas, que mostraban a chicos que se pinchaban las arterias, fumaban o aspiraban papelitos, fueron objetadas por ciertas autoridades que estimaron riesgosa su exhibición, pensando en que la mayoría se informaría sobre nuevas técnicas contraproducentes. Que más eficaz resultaría la prohibición absoluta de la venta de esas drogas en las farmacias y un severo control de su circulación. A un periodista le pareció lo correcto, pues estimó que en Córdoba el porcentaje de drogadictos entre los jóvenes ni siquiera llegaba al uno por mil. Un cuarto de siglo después, el estupefaciente se extendía más por todo el mundo. Hubo entonces ponencias que proponían que en todos los países se librara su venta. Se pensó que el contrabando y consiguiente crimen organizado disminuirían (como ocurrió antes en los Estados Unidos con las mafias y el alcohol) y que el presupuesto que esa actividad demanda sobraría para una eficaz campaña educativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El periodista en cuestión, como otros tantos, se adhirió al proyecto. Pasó otro cuarto de siglo y hoy vuelve el tema de la liberación, parcialmente y para la marihuana. El periodista está jubilado y se le pregunta sobre la posibilidad de que la droga sea internacionalmente liberada. Tiene sus reparos y contesta que no alcanza a imaginar cómo se puede decir "Señores de la mafia y señores gánsters : a partir de hoy, la guitarra (perdón, la metralla) en el ropero. Quedan desobligados al igual que los pequeños comerciantes distribuidores".Es que el filósofo sabe que la verdad que siempre busca es inasequible. Para el hombre de prensa, el panorama de ese futuro riesgoso no le resulta claro. Primero dijo que no se debía liberar la droga; a los 24 años, que sí; y ahora, después de otros 24, contesta con un "ni". (Son 24 años y no 24 horas, como suele ocurrir con ciertos políticos).Pero si el cronista, cuando responde, es sincero consigo mismo, siempre que cuente con libertad para expresar sus ideas, se hace merecedor de gozar de una jornada que el pueblo dedica en su recuerdo: es el 7 de junio, fecha instituida como el Día del Periodista por un congreso reunido en Córdoba en 1938.

