El perfil del abogado
El deterioro de la imagen del abogado en general importa un grave debilitamiento de la propia figura del Poder Judicial y el ejercicio del derecho de defensa. María Cristina Curtino.
En mis tantos años de profesión, he podido conocer a muchos colegas que hacen honor al perfil ideal que debe tener un abogado y que han reflejado no sólo su vasta capacidad y formación en derecho, sino también cualidades humanas incomparables.
La profesión de abogado requiere una inmensa vocación de servicio, debe defender los derechos de otros, nuestros clientes, y es por ello que esta actividad necesita altas calidades humanas, morales, culturales y jurídicas.
Siempre trato de transmitir a mis alumnos universitarios que el estudio, el trabajo hecho con ahínco, el esfuerzo y la corrección redundan en compensaciones y resultados que se obtienen en devolución, y casi sin que nos demos cuenta.
Hoy, los abogados escuchamos cómo se critica nuestra profesión y es por eso que en pos de la justicia debemos realizar un esfuerzo para lograr lo que con gran claridad planteaba Ángel Ossorio en el Alma de la toga: "... reivindicar el concepto de abogado".
Confusión de roles. Los medios de comunicación arrojan acusaciones generalizadas hacia los abogados, y tanto ellos como la sociedad suelen asimilar al "defensor" con su "defendido", considerándolo parte de la causa y dejando de lado su real actividad, que es la de defensor de derechos, totalmente independiente de la inocencia o culpabilidad de su cliente.
Mario Martínez Crespo, en Reflexiones acerca de una profesión controvertida , define a la abogacía como "... una profesión libre e independiente destinada a colaborar con la justicia en su objetivo de concordia y paz social, mediante el consejo y la defensa de derechos e intereses públicos y privados, aplicando criterios propios de la ciencia y técnica jurídicas ".
Sin dejar de tener en cuenta que el abogado se ve sometido a constantes avatares que afectan su tarea, enfrentando a una Justicia colapsada, reparticiones públicas burocráticas, medidas de fuerza de los dependientes, una feroz competencia, situaciones económicas desfavorables, en algunos casos, y un sinnúmero de inconvenientes que le imponen un gran esfuerzo para el logro de sus objetivos.
Ante esta realidad, sólo una gran vocación de servicio y una sólida integridad personal harán posible que un abogado crezca y se fortalezca como profesional.
Deterioro. Este deterioro de la imagen del abogado en general importa un grave debilitamiento de la propia figura del Poder Judicial y del ejercicio del derecho de defensa, lo que causa daños irreparables en la sociedad. No podremos, sin prestigiosos profesionales, tener un sistema judicial que funcione en forma adecuada.
Se deben recuperar los valores, inculcar las virtudes éticas y combatir las acciones negativas, sin rotular a quienes trabajan en forma constante, honesta y con un enorme sacrificio, poniendo toda su capacidad al servicio de sus clientes.
El abogado es imprescindible para la sociedad; es su trabajo el que pone límites a leyes injustas, a gobiernos autoritarios e injusticias sociales, entre tantas otras cosas. Se debe tomar y hacer tomar conciencia a la sociedad toda que estos profesionales están a su servicio, castigando sólo a quienes denostan los valores éticos y morales.
Pedro Baquero Lazcano describe el trabajo del abogado, de manera simple, como "... esa profesión por medio de la cual quien conoce la ley y la Justicia pone su sabiduría y su experiencia al servicio del hombre común, para defensa de sus derechos. Si es cierto que no hay sociedad sin derecho, no lo es menos que no hay derecho sin abogado".
Malas conductas. Los abogados jamás eludimos hablar de las malas conductas de nuestros pares. Enfrentamos el problema a través de las instituciones deontológicas, controlando su conducta o formulando denuncias ante quien tiene la facultad de investigar -la Justicia- e intentando no empañar la labor de miles de letrados que, cotidianamente, defienden y hacen cumplir las leyes, brindando este indispensable servicio a la sociedad en garantía de efectiva defensa de los derechos de los ciudadanos. Debe ser ésta una tarea de todos.
Queremos sentirnos orgullosos de nuestra profesión; por ello, la tarea de conducir esta prestigiosa institución está marcada a fuego con los valores sustentados en la ética y la moral. Y si bien esto es un pequeño mojón en nuestras vidas, a no dudarlo significa un permanente esfuerzo personal que esperemos, sepamos honrar desde este lugar que nos tocó en la vida.
*Presidenta del Colegio de Abogados de Córdoba

