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El ojo de la patria

WikiLeaks se reserva en la manga un secreto terrible: según la CIA, el problema de la Argentina es que, en este país, nadie quiere trabajar. Ángel Stival.

05 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista, [email protected])
El ojo de la patria

"Terminado, Carré. Muerto. ¿Me oyó? Queme todo y desaparezca, que ya pasan a buscar el cadáver". Esta frase, extraída de El ojo de la patria , de Osvaldo Soriano (1943-1997), ilustra, con ironía circense, el aire dramático que impregnaba a las novelas de espionaje que hicieron furor en buena parte del siglo pasado. Julio Carré, nombre del agente confidencial argentino instalado en París para complicarles la vida a los países del Primer Mundo –en obvio homenaje al eximio novelista inglés John Le Carré, que llevó al género a su cúspide durante la denominada Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética– asiste a su entierro simulado y puede ver quiénes lloran y quiénes ríen, aunque lo que más le duele es la indiferencia."En el mismo momento en que Ramón Mercader –dice la solapa del libro La segunda muerte de Ramón Mercader , de Jorge Semprún– se presenta ante la ventanilla de control de la policía de Zurich, ha jugado su última carta". Era cierto. Mercader, hijo de españoles republicanos, enviado de niño a la Unión Soviética y educado allí, tiene el mismo nombre que el asesino de León Trotsky. "De regreso a Amsterdam, cae en una celada y lo encuentran 'suicidado' en su habitación".La vigencia de la novela de espionaje se sustentaba en la existencia real de estos personajes enigmáticos y arriesgados, que se reflejan en la obra de Giles Perrault La orquesta roja , sobre la vida del agente judío polaco Leopold Trepper y de sus memorias, incluidas en El gran juego .Historias terribles que no tendrían mucho atractivo en estos tiempos, en los que un buen señor se toma el trabajo –imaginamos que ingente y arriesgado– de vulnerar todos los códigos y las claves de los archivos secretos de la CIA para difundir noticias que, uno supone, harán saltar el mundo en pedazos.Pero no. Ya casi no hay secretos y la categoría de la información divulgada apenas si supera la que uno maneja cuando chismea con sus vecinos. Si la CIA pierde el tiempo en eso, entonces uno se explica mejor por qué les bajaron dos torres en las narices. Aunque, dicen, se están guardando en la manga una revelación tremenda: según la CIA, el problema estructural, de fondo, en la Argentina sería que nadie quiere trabajar.