El ocaso parcial del kirchnerismo
El gran problema del kirchnerismo fuera del poder es que, a medida que pasa el tiempo, aumenta su condición de sector marginal del peronismo.
Durante sus 12 años de gobierno, el kirchnerismo evidenció una notable capacidad para reponerse de duros reveses, a fuerza de cerrar filas y lanzar contraataques furiosos desde la cúspide del poder, con la consecuencia de mantener permanentemente tensionado el clima político. A esa particular virtud, se le unió un eficaz aparato propagandístico, que logró entrar en perfecta sintonía con el pensamiento "progresista" de sectores de clase media con más vuelo intelectual.Para el resto de la sociedad, bastaron planes sociales y subsidios en las tarifas de servicios, acompañados por instrumentos económicos que permitieron mantener más o menos constantes los niveles de consumo pese a la inflación. El resultado de tal estrategia fue una sensación de bienestar económico que disimuló las distorsiones acumuladas.A ocho meses de haber culminado su larga experiencia de gobierno, y sin disponer de todos los resortes del aparato estatal, el kirchnerismo mantiene su naturaleza combativa, aunque luce extenuado ante las incesantes novedades judiciales que golpean de lleno a la casi totalidad del elenco que gobernó el país hasta diciembre último.Hoy parece reducido a su núcleo duro, que tiende a radicalizarse en torno de la consigna de la "resistencia", pero no dispone, ni de la estructura, ni del discurso adecuados para captar votos de amplios sectores de la sociedad, como Néstor Kirchner y Cristina Fernández supieron hacer desde el poder, apoyándose en el audaz manejo de los recursos públicos.Pero ese núcleo duro aún conserva alguna capacidad de acción para provocar perturbaciones en el polvorín del conurbano bonaerense, la vidriera del país.Mientras no se disipe el clima de descontento por el tarifazo y el encarecimiento del costo de vida, siempre habrá caldo de cultivo para que los enojos puedan transformarse en masivas protestas callejeras o saqueos. Hechos sobre los que depositan sus mayores ilusiones los kirchneristas más enardecidos y ansiosos por sacar alguna ventaja de la crisis.El gran problema del kirchnerismo fuera del poder es que, a medida que pasan las semanas, se incrementa su condición de sector marginal del peronismo. La intuición generalizada de la dirigencia peronista es que el espacio engendrado por los Kirchner ya no tiene nada más que ofrecer en nombre del partido fundado por Juan Domingo Perón. O, en todo caso, ya no puede erigirse como la vanguardia que arrastre al resto de la estructura partidaria en la carrera por la recuperación del poder perdido en 2015.
El fervor persistente
Una de las particularidades más notables del kirchnerismo es la profunda penetración de su discurso en sectores de clase media intelectualizada, siempre permeable al pensamiento que abreva en la izquierda nacionalista. Para esa porción de la sociedad muy ideologizada, la evidencia material de la corrupción kirchnerista no es un dato relevante frente a las bondades del proyecto político iniciado en 2003, que es asumido como una reivindicación épica de lo nacional y popular.
Lo paradójico es que en los sectores más cercanos a la base de la pirámide social no se replica semejante fervor, al menos con la intensidad y persistencia que muestra en la porción de la sociedad que reivindica el concepto de pueblo desde lo que técnicamente es la pequeña burguesía con estándar de vida acomodado.
El sociólogo Ezequiel Adamovsky, autor de libros sobre la clase media y las clases populares en Argentina, señaló en una entrevista con el diario La Nación en 2013 que “en las clases bajas el kirchnerismo tiene un arraigo importante, pero desde el punto de vista emotivo o sentimental no es el arraigo que ha tenido el peronismo en otras épocas”.
A propósito del comportamiento de cierto sector de la clase media en torno de las ideas de izquierda, sin dudas esto hubiera sido objeto de enorme interés para Karl Marx, si viviera por estos días.
El padre del socialismo científico quizá podría escribir algo semejante a lo que expresa su carta de 1846 al intelectual ruso Pavel Vasilyevich Annenkov, anticipando su dura crítica sobre el pensamiento de Pierre Joseph Proudhon, al que consideraba un pequeño burgués.
En un fragmento de esa carta, que no tiene desperdicio y vale la pena rememorar, Marx dice sobre la pequeña burguesía: “En una sociedad avanzada, el pequeño burgués, por virtud de la posición que en ella ocupa, se hace socialista de una parte y economista de la otra; es decir, se siente deslumbrado por la magnificencia de la gran burguesía y experimenta a la vez simpatía por los sufrimientos del pueblo. Es al mismo tiempo burgués y pueblo. En su fuero interno, se ufana de imparcialidad, de haber encontrado el equilibrio justo, que tiene la pretensión de distinguirse del término medio. Ese pequeño burgués diviniza la contradicción, porque la contradicción constituye el fondo de su ser. Él no es otra cosa que la contradicción social en acción”.
* Periodista, investigador (CEA)

