El objetivo son mil millones de personas
Si mil millones de nosotros decimos hoy que nos importa, eso significa que una porción enorme de la humanidad está pensando en los demás, reconociendo las necesidades del prójimo. David Smith.
Cada día vemos y oímos imágenes e historias acerca del dolor y sufrimiento humanos, ya sea en nuestros barrios o en países lejanos. Y más de una vez nos preguntamos: ¿qué puedo hacer? En la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebramos hoy el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. Y pedimos a la gente alrededor del mundo que se comprometa a llevar a cabo un acto humanitario, grande o pequeño, y nos lo haga saber. Nuestro propósito es que mil millones de personas este día digan: yo estuve aquí para ayudar a alguien.Es un día triste para la ONU. Nueve años atrás, en esta misma fecha, 22 de nuestros colegas perecieron en Bagdad, todos ellos trabajadores humanitarios que trataban de ayudar al pueblo de Irak en las secuelas de la invasión que había destituido a Saddam Hussein cuatro meses antes. Detrás de estas muertes, se ocultan historias de un compromiso de vida frente a la causa de llevar las Naciones Unidas a sitios a menudo extremadamente peligrosos, a los que los demás no pueden ir... o simplemente no van.Sergio Vieira de Melho, el carismático brasileño que dirigía la operación, había sido una figura clave en trágicos puntos álgidos globales, como Líbano o Timor Oriental. Pienso lo mismo de Nadia Younes, una egipcia innovadora y llena de vida, jefa del gabinete de Sergio, viviendo cada día al máximo. Rick Hooper, un australiano incansable que conocí en la Franja de Gaza 20 años antes, un espíritu comprometido de manera desinteresada con el trabajo de la ONU en Medio Oriente.Hoy, el trabajo continúa. Basta con echar un vistazo a los últimos días de Valerie Amos, la mujer que lidera la operación de asistencia humanitaria de la ONU. Primero estuvo en Congo, un país que ha soportado el conflicto más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial (cinco millones de muertos), un país que en los últimos tres meses ha sido testigo de la huida de un cuarto de millón de habitantes ante el reinicio de la lucha."He hablado con familias que han tenido que dejar sus hogares y todas sus pertenencias, forzadas a vivir en condiciones terribles; niños y ancianos obligados a dormir a la intemperie, bajo la lluvia", dijo. "Están en medio de una de las más complicadas crisis humanitarias en el mundo y merecen nuestro apoyo constante", agregó.Luego pasó a Siria, donde las imágenes diarias de muerte y destrucción han quizá ocultado la monumental crisis humanitaria que se está gestando ahora. Más de un millón de sirios han sido desplazados, en el baño de sangre que ha cobrado ya más de 20 mil vidas. En la ONU estimamos que tres millones necesitan comida y otros insumos básicos. Es el último grupo en sumarse al impactante número global –62 millones– de los que necesitan desesperadamente asistencia humanitaria."La gente que conocí hoy me informó que necesitan agua potable, saneamiento, ayuda médica y comida", dijo Valerie Amos después de visitar a los refugiados que se encuentran hoy en el distrito de Zahería, en la capital, Damasco. "Muchos no tienen una casa a la cual volver y necesitan desesperadamente más ayuda y apoyo", señaló.Lamentablemente, en muchos casos, como Siria, el Sahel y el África subsahariana, los fondos no cubren las necesidades. Cuán lejos hemos llegado y cuán lejos debemos aún seguir. Las nuevas tecnologías permiten que estemos al tanto del sufrimiento, del dolor y de las necesidades de la gente en Congo y Siria, brindándonos una imagen vívida en nuestras pantallas cada día. ¿Qué podemos hacer? Podemos comenzar por reconocer la enormidad de los recursos requeridos. Las organizaciones humanitarias trabajan 24 horas al día para salvar vidas y ayudar a las comunidades a estar preparadas para la crisis del mañana. A su compromiso, deben unirse gobiernos, empresas y el público. Podemos reconocer que la gente afectada por los desastres es la primera en ayudar a sus propias comunidades. Lo vimos en las secuelas de las tormentas en Buenos Aires en Semana Santa o en el choque del tren en la estación porteña de Once.Podemos reconocer que brindar ayuda ante una emergencia es sólo un aspecto del trabajo humanitario. Reconstruir la vida de las comunidades después de los desastres, permitir que la voz de una comunidad sea escuchada, establecer la paz en áreas de conflicto, puede llevar años. Actos humanitarios. En las Naciones Unidas, en este aniversario triste, pretendemos honrar a aquellos que han dado sus vidas –y al mismo tiempo homenajear a aquellos que llevan adelante el legado de los que perecieron en Bagdad. Desde Addis Abeba a Times Square, en Nueva York, desde Dubai hasta el Palacio de las Naciones en Ginebra, estaremos llevando a cabo eventos que pongan en evidencia el quehacer de los trabajadores humanitarios. La cantante estadounidense Beyonce ha escrito y lanzado una canción para la ocasión llamada Yo estuve aquí .La campaña "Yo estuve aquí" permite la transmisión de mensajes de apoyo de la gente registrada on line alrededor del mundo que se compromete a llevar a cabo un acto humanitario, por pequeño que sea. Desde ayudar a un ciego a cruzar la calle, pasando por una donación depositada en el buzón de una iglesia, hasta llamar a un amigo que se está recuperando de una pérdida personal o una tragedia.Todos podemos compartir un acto individual de bondad a través del sitio interactivo www.whd-iwashere.org.Al principio de la última semana, más de 100 millones de personas se habían registrado. Nuestro objetivo es mil millones. Y para aquellos que puedan decir que esto es mayormente simbólico, les diré que muy a menudo hay sustancia en el simbolismo. Si mil millones de nosotros decimos hoy que nos importa, eso significa que una porción enorme de la humanidad está pensando en los demás, reconociendo las necesidades del prójimo, sea un hombre, una mujer o un niño, y exhortándonos a hacer más por los que tienen menos. O muy poco. O nada.
*Director del Centro de Información de las Naciones Unidas para Argentina y Uruguay

