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El negocio que está detrás de los mundiales

Cuando el Estado interviene, necesariamente utiliza esa amplia tribuna que es un Campeonato Mundial para adoctrinar, pero sólo es un buen negocio si está basado en el sector privado. Alejandro A. Tagliavini.

12 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Alejandro A. Tagliavini*
El negocio que está detrás de los mundiales

Cuenta Carlos Gómez Abajo que Simon Kuper y Stefan Szymanski aseguran, en su libro Soccernomics , que la única motivación que tienen los gobiernos de los países desarrollados para apoyar los torneos de fútbol "es mejorar la sensación de bienestar" de los ciudadanos cohesionándolos detrás de un objetivo común. La realidad es que, en un círculo vicioso, los estados aprovechan la oportunidad para hacer propaganda y potenciarla.

El segundo Mundial de Fútbol se jugó en la Italia de 1934. Carteles mostraban a un jugador haciendo el saludo fascista. Árbitros permisivos dejaron que Italia ganara. Después de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, inaugurados por Adolf Hitler, en el Mundial de Francia de 1938 los italianos saludaron con la mano extendida y recibieron un abucheo ensordecedor. Italia ganó y La Gazzetta dello Sport exaltó "la apoteosis del deporte fascista en esta victoria de la raza".

Estados entrometidos. Esto ocurre no sólo en el fútbol, sino siempre que los estados se entrometen y financian los deportes. Según Ezequiel Fernández Moores, por el intento de censura (el gobierno de) "Vancouver 2010 (sede de los Juegos Olímpicos de Invierno) se comportó igual que China en los Juegos de Beijing 2008". Su presupuesto inicial se multiplicó por 10, hasta seis mil millones de dólares. "Mintieron siempre", asegura Chris Shaw, opositor a los Juegos. El peor caso es el de Atenas de 2004. Se invirtieron 14.400 millones de dólares, se construyeron 22 complejos; hoy, 21 están abandonados.

El gobierno sudafricano invirtió para este Mundial cinco mil millones, según estimaciones, mientras un tercio de la población vive con menos de dos dólares diarios. El medio millón de viajeros que esperan no se compara con los turistas anuales, que son cientos de miles más. Se estima, eso sí, que lo verán unos tres mil millones de espectadores en el mundo.

Muchos se benefician: los patrocinadores, la televisión, la prensa, los vendedores de camisetas; pero en particular la Fifa, que obtiene, entre copa y copa, beneficios netos que rondan los 800 millones y que, al igual que el Comité Olímpico Internacional, aunque son organizaciones privadas, debido a sus negocios con los estados parecen corporaciones a las que sólo les interesa recibir fondos estatales.

Sociedades anónimas. El problema es la ausencia de derechos de propiedad a raíz de legislaciones estatales en las que los clubes son sociedades de personas y no de propietarios.

Los socios pueden usufructuarlas, pero no son dueños. No hay política en los hipódromos o el golf. No es un problema de deportes masivos. No hay política en el béisbol, porque los derechos de propiedad son claros y cada equipo, cada estadio, tiene un dueño.

Cuando el Estado interviene, regula, necesariamente utiliza esa amplia tribuna para adoctrinar.

Un Mundial sólo es buen negocio si está basado en el sector privado. El más rentable (y con los estadios llenos) fue el organizado en Estados Unidos en 1994, que le costó al gobierno sólo 50 millones de dólares.

*Miembro del Centro de Prosperidad Global, California, Estados Unidos