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El laberinto opositor

La solidaridad hacia la presidenta Cristina Kirchner se diluye lentamente con el tiempo y con la persistencia de la tensión social, la pobreza y la inflación. Fernando Micca.

06 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
El laberinto opositor

Dos meses después de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, la oposición aún busca su estrategia para competir por el poder el año próximo. Está dividida y desorientada, pero la cambiante realidad ofrece oportunidades. La natural solidaridad inicial hacia la presidenta Cristina Fernández, provocada por la desaparición de su esposo, se diluye lentamente con el tiempo y la persistencia de la tensión social, la pobreza y la inflación. Octubre de 2011, la fecha de las urnas, está muy lejos y ninguna foto actual es definitiva. En 2007, en un excelente momento, Cristina Fernández ganó en primera vuelta con el 46 por ciento de los votos, es decir, seis puntos más que el piso mínimo del 40 por ciento (y 10 puntos de ventaja sobre el segundo) para evitar el balotaje. ¿Podría de aquí a 10 meses no lograr de nuevo esos seis puntos de sobra y tener que ir a la segunda vuelta? Probablemente sí. Depende, en parte, de lo que ofrezca la oposición. Y hoy la oposición ofrece muy poco.El Peronismo Federal quedó tan golpeado por el reacomodamiento en el PJ que casi no existe como tal. Carlos Reutemann se alejó y Francisco de Narváez y Felipe Solá juegan cada uno su juego. Mario Das Neves no logró instalarse desde Chubut y los hermanos Rodríguez Saá suman muy poco fuera de San Luis. Eduardo Duhalde lanzó su postulación por las suyas. Pertenece al distrito más grande, fue presidente y sabe gestionar, pero no representa a todo el peronismo que rechaza a los Kirchner y tiene alta imagen negativa. De la pasada alianza del PJ disidente con Mauricio Macri, no queda nada. El jefe de Gobierno porteño aseguró que hará su propio camino, pero en el interior tiene escasa inserción y su gestión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no es la mejor presentación para aspirar a la Casa Rosada. Tal vez sea la contracara del modelo kirchnerista, pero su discurso liberal y su estilo light no atraen a las mayorías. El radicalismo recuperó espacio, pero sus candidatos muestran limitaciones. A Ricardo Alfonsín le cuesta avanzar hacia afuera del partido y Julio Cobos perdió espacio social. Ernesto Sanz terciará en la interna pero, aunque tiene fuerza y contactos con los factores de poder, aún no está instalado. Además, el conglomerado que comparten radicales, socialistas y el partido Generación para un Encuentro Nacional (GEN, de Margarita Stolbizer) no logró consolidarse como eje opositor. El GEN quiere que la confluencia alcance a Proyecto Sur, de Fernando "Pino" Solanas. Pero es casi imposible que Solanas acuerde con la UCR.La Coalición Cívica optó por refugiarse en su identidad, tras acusar al radicalismo y a otros ex socios de no ser consecuentes. Sin embargo, Elisa Carrió no tiene la adhesión que la llevó al segundo puesto en 2007 y la parcial recuperación del radicalismo le quita adherentes. Su jugada es riesgosa. En tanto, Solanas procura ser el mejor representante del progresismo posible, con una actitud amplia y sin renegar de su (lejano) pasado peronista. Tiene, no obstante, escasa estructura y disputa sólo una porción del dividido arco progresista. A diferencia de las principales fuerzas, Solanas está limitado a una franja de votantes.Es posible que la Presidenta saque ventajas, pero que no gane en primera vuelta. ¿Sobre qué base irá la oposición a un eventual balotaje? Tanta dispersión la obligará a acuerdos previos –sobre coincidencias auténticas– para intentar una confluencia en la segunda ronda. No es fácil; tampoco imposible. De lo contrario, la falta de alternativas será la mejor aliada del oficialismo, pese a los problemas de gestión que éste afronta.