Temas del día:

El impacto de la "euroesclerosis" en la economía global

Quizá en el mediano plazo se produzca la desaparición del euro o se mantenga sólo para transacciones internacionales, conviviendo con un sistema bimonetario. Ramón Frediani.

21 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Ramón Frediani (Economista)
El impacto de la "euroesclerosis" en la economía global

La futbolización planetaria que estamos viviendo por 30 días eclipsa las noticias sobre la crisis europea, pero ello no implica que ésta se haya resuelto. En el Viejo Continente, la economía está que arde, hay crisis para rato y, según los pronósticos, no hay que desesperarse, pues hay suficiente y alcanza para todos.

Desde el inicio de la era cristiana, y salvo breves períodos, Europa fue un campo de batalla, sea por cuestiones económicas, raciales o religiosas, disputas palaciegas o simple expansionismo territorial. La madurez vino al concluir la Segunda Guerra Mundial, que dejó 60 millones de muertos. Fue esa montaña de cadáveres lo que llevó al Viejo Continente a plantearse que la única vía para evitar futuras matanzas era transformarse en un solo país: los estados unidos de Europa. Así nació, en 1958, el Mercado Común Europeo (MCE) con seis países, que hoy, ya con 27, se ha transformado en Unión Europea.

Para alcanzar ese objetivo de unidad, fueron muy prolijos en unificar casi todo dentro de sus fronteras, como si fueran un solo país. Unificaron las roscas de las tuercas, los milímetros de los tornillos y sus sistemas de medidas para tener una industria competitiva a nivel internacional; estandarizaron la exigencia de calidad en los alimentos importados; establecieron libertad de circulación de mercancías, capitales y personas eliminando aduanas entre ellos; unificaron la legislación ambiental, las trochas de los ferrocarriles y el voltaje de sus sistemas eléctricos, definieron un mismo documento de identidad para sus 600 millones de habitantes, con el pasaporte comunitario. Además, crearon un Parlamento Europeo, un Banco Central Europeo (BCE), una moneda -el euro-, una constitución comunitaria, una política agrícola común y llegaron inclusive casi a unificar su ideología, puesto que, aunque con matices y en partidos de distinto nombre, mayoritariamente los europeos son socialdemócratas, corriente política que promueve la convivencia entre una economía social de mercado y el "Estado de bienestar", entendido este último como un gran desarrollo de las políticas sociales y de protección social desde la cuna hasta la tumba. En pocas palabras, economía de mercado más política social. Una especie de socialismo con soda.

Qué faltó. Pero olvidaron algo elemental: sus economías eran totalmente distintas unas de otras. No obstante, avanzaron obligándolas a usar un mismo chaleco de fuerza monetario -el euro- que les imposibilitaba devaluar o emitir, y se olvidaron de que para constituir una unión monetaria supranacional es preciso previamente unificar sus niveles de inflación, tasas de interés, eficiencia, competitividad, déficits fiscales, legislación laboral, salarios, sistemas tributarios y regímenes jubilatorios.

Mientras Alemania tuvo entre 2000 y 2009 una inflación acumulada de sólo nueve por ciento, en Francia fue de 19; en Portugal, 25; en Italia, 26; en Grecia, 33, y en España, 35 por ciento, lo que explica sus desiguales pérdidas de competitividad ante el mundo. Esto explica por qué Madrid es mucho más caro que Frankfort. Hoy, un departamento en la capital española cuesta el doble de uno comparable en tamaño, calidad y ubicación en la ciudad alemana.

La caída del euro ha licuado el valor de las reservas en esa moneda que tenían los bancos centrales; por eso, muchos de ellos vuelven a acumularlas en activos físicos. Los bancos centrales de China e India comienzan a integrar parte de sus reservas en oro, plata, platino y paladio. China mantiene en sus reservas 500 mil millones de euros, y la caída de 20 por ciento en su cotización respecto del dólar le produjo una pérdida valuada en 100 mil millones de dólares.

A su vez, los 22 países árabes que poseen 80 por ciento de sus reservas en euros (rechazan el dólar por razones políticas) están muy enojados con Europa, pues han tenido pérdidas astronómicas.

Chalecos de fuerza. La crisis enseña que los chalecos de fuerza cambiarios -euro (y la convertibilidad argentina)-, en contextos inflacionarios y de altos déficit fiscales, terminan en colapsos.

Es ilusorio creer que una moneda fuerte nos lleva a una economía fuerte. Japón insiste en un yen muy fuerte y así le va a su economía, que está en recesión desde hace 16 años sin encontrar salida, mientras que China -con su moneda (yuan) permanentemente devaluada- no para de crecer al 10 por ciento anual desde hace 20 años.

A pesar de su bajo crecimiento, Europa pecó la última década de una exuberancia de consumo y endeudamiento público y privado, a pesar de que hace 30 años que no crecía más de uno por ciento. Es la "euroesclerosis" un conjunto de problemas estructurales de difícil solución, tales como el envejecimiento de su población sin aumento demográfico; mercado laboral esclerosado, hiperregulado e imposibilitado de crear nuevos empleos; bajo crecimiento económico; productividad sólo al 60 por ciento del nivel alcanzado por Estados Unidos; moneda fuerte que les impide exportar; elevados déficits fiscales que aumentan sus deudas públicas; gasto en seguridad social superior al 50 por ciento del gasto público; quiebra de los sistemas jubilatorios e hiperdesarrollo del Estado de bienestar imposible de financiar. Con la crisis de Grecia, primero, y luego España, Portugal, Italia, Irlanda y Gran Bretaña, nos enteramos de que en el interior de la Unión Europea no había uniformidad económica ni disciplina fiscal. Algunas opiniones auguran, inclusive, que esta crisis monetaria y financiera puede ser terminal, no para la Unión Europea, pero sí para la moneda. Posiblemente en el mediano plazo se produzca la desaparición del euro o se mantenga sólo para transacciones internacionales y los países de la Eurozona puedan retornar a sus monedas nacionales, adoptando así un sistema bimonetario.