El hombre es de la tierra
La segunda parte de Aquí América latina, de Josefina Ludmer, intenta imaginar el mundo como espacio, como territorio. Ángel Stival.
La segunda parte de Aquí América latina, de Josefina Ludmer, intenta imaginar el mundo como espacio, como territorio. "La imaginación territorial en América latina tiene una historia, que constituye a los clásicos: (Jorge Luis) Borges con las orillas; (Juan) Rulfo con Comala; (Juan Carlos) Onetti con Santa María; (Gabriel) García Márquez con Macondo", escribe esta cordobesa nacida en San Francisco. Profesora de literatura, como se infiere de la cita, no se limita a la crítica de libros y avanza sobre la política.Desde ese punto de vista, territorio sería un recorte en el espacio en el que se despliega una soberanía. Pero cuando se habla de zona o región, la soberanía se excluye. Estados Unidos usa esa distinción para intervenir en América latina y habla de la región andina como zona de narcotráfico o de la triple frontera como posible "zona liberada" al terrorismo. Además, "la globalización produce espacialidades que pertenecen tanto a lo global como a lo nacional, lo regional y lo local", afirma Ludmer. Y agrega: "Eso ocurre desde los años de 1990 en América latina: el neoliberalismo desreguló muchas fronteras y las abrió a inversiones extranjeras que usan nuestros recursos naturales. Muchos Estados latinoamericanos renuncian a disponer del subsuelo, ceden el agua de los ríos y también ceden territorios para industrias sucias y bases norteamericanas. Desde el punto de vista territorial, el Estado latinoamericano cede soberanía y se desnacionaliza". Inaceptable. Nada nuevo, se dirá. Y sin embargo, la comunidad internacional aceptó con toda naturalidad algo que debería ser inaceptable: que Estados Unidos declare culpable de tal o cual delito al presidente de otro país soberano, invada su territorio, lo capture, lo condene y lo ejecute (Saddam Hussein). Es un ejemplo extremo de la pérdida de la soberanía, de falta de dominio sobre la jurisdicción territorial. "La cultura indígena –dice Josefina Ludmer– tiene una relación totalmente diferente con su territorio. Los mapuches dicen que el ser humano es el complemento de la tierra y de todo lo que le rodea; que es parte de un territorio y no su dueño". Los quechuas y aymaras del norte argentino y de Bolivia van más allá (y a esto no lo dice Josefina, sino un campesino de Susques, Jujuy): "La tierra no es de nadie. El hombre es de la tierra. Y la tierra está allí para producir, no para ser explotada. Lo mismo ocurre con los hombres que tienen que asociarse para producir, no para explotarse unos a otros".

