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El gran desafío, luego de tocar fondo

El PRO imagina que beneficiar a los poderosos y exigir a los necesitados puede ser un camino a una sociedad justa.

03 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
Julio Bárbaro*
El gran desafío, luego de tocar fondo

L a disolución del kirchnerismo era un proceso esperable para todos los que sabemos algo de política. Con la derrota de su gobierno, hasta la Coordinadora radical perdió su identidad, que era sin duda la más elaborada. El supuesto menemismo murió sin pena ni gloria cuando comenzaron a hablar de "las reformas de segunda generación". Y el kirchnerismo fue un pragmatismo feudal que les entregó una parte menor del poder a los restos de viejas izquierdas fracasadas y terminó siendo nefasto para todos los que se subieron a los delirios de su tren. Ahora, el viejo y agotado peronismo de los gobernadores e intendentes intenta tomar una distancia que tiene más de oportunismo que de gesto de vitalidad. El peronismo, los derechos humanos y la izquierda que acompañaron al kirchnerismo quedaron agonizando y con dificultades de sobrevivencia. Los que se reunieron en Formosa para sacar un documento son el reflejo de una síntesis entre el feudalismo provincial y el esquematismo de viejas izquierdas esclerosadas; el PRO será la derecha, pero sin duda es mucho más moderno y socialmente vigente que ellos. Néstor Kirchner construyó un personalismo autoritario dispuesto a valerse del poder para engendrar una sociedad a su servicio. La corrupción era ingrediente esencial al proyecto. El dinero y el poder del Estado sustituían el lugar de la política y de las ideas que nunca tuvieron. Era lógico que los viejos enemigos de la democracia adhirieran a su causa. Si era cierto que la democracia era un vicio burgués utilizado por los poderes económicos para dominar al pueblo, toda forma de enfrentarlo y cuestionarlo era bienvenida. El kirchnerismo no imaginaba su derrota. Eso es lo malo de vivir en la ficción: de pronto uno puede chocar contra la realidad y los sueños volverse pesadillas.

La herencia

Por eso son tantas las desprolijidades que deja como herencia; hasta algunos que ganaban fortunas estaban convencidos de que ese era el resultado de sus merecimientos. Nombrar como empleados públicos a decenas de miles de parientes y amigos es siempre una manera de destruir a la sociedad. No fueron los primeros en utilizar esas prácticas clientelares, pero sin duda nadie llegó tan lejos en ninguno de los vicios de degradación del Estado.

Como toda burocracia que imagina a lo privado como el enemigo, termina concibiendo al Estado como un bien inagotable.

La disolución va convirtiendo al cristinismo en uno más de los partidos de izquierda, aquellos en los que el ideologismo espanta más votos que los que seduce.

Macri encabeza un partido que inicia su ciclo como todos los anteriores, con una cuota de soberbia excesiva para los logros y el talento que aporta. Son muchos los jóvenes que imaginan superada la vieja política, y, en consecuencia, creen ser portadores de “la nueva”.

Complicado de entender: algo así como si la superación del erotismo fuera la impotencia. Primero, porque sólo se puede superar aquello que se comprende; ignorar o negar no permite forjar un nuevo rumbo. Y, luego, porque en alguna medida terminan usando a la modernidad como simple excusa para no comprometerse.

La votación de Gran Bretaña sirvió para desarrollar la imaginación en torno del futuro económico de la humanidad. Entre los que conciben a la globalización como una ola en la que sólo basta dejarse arrastrar y los que saben que las modas son pasajeras. La libra nunca se convirtió en el euro, y en consecuencia nunca dejaron de soñar el retorno al sueño imperial.

Veremos cómo sigue, pero sin duda el futuro tiene más relación con la construcción de una Europa unida que con estos sueños de aislacionismo. Las identidades nunca estuvieron en juego; cuando las culturas están afirmadas como en esos países, la unidad no afecta en nada la identidad.

Pensar un país

La globalización no implica que el único rumbo posible sea la concentración económica. Las inversiones no son las que definen el sentido ni el lugar de una sociedad en el mundo. Los países se piensan, y sin duda la humanidad vive un conflicto entre las naciones y los poderes económicos, el mismo rumbo concentrador del capitalismo va a llevarlo a un nuevo estallido. La sociedad que vivimos tiene un grado de concentración y de ganancia de los poderosos que ya no permite vivir al resto. Somos uno de los países que más retrocedieron en integración social en el mundo; desde la década de 1970, sólo conocemos el camino del atraso.

Y en el PRO imaginan que salir del estatismo es tan sólo ingresar al liberalismo; que beneficiar a los poderosos y exigir a los necesitados puede ser un camino hacia una sociedad más justa. Los que viven de los planes sociales y votaron a Daniel Scioli por temor recibieron mejoras importantes y pueden llegar a cambiar su voto por Macri. Pero los que votaron a Macri, en muchos casos recibieron aumentos que los dejaron al borde de no votarlo más.

El kirchnerismo agoniza y el macrismo no termina de instalarse. Algunos imaginan que los asesores tipo Jaime Durán Barba pueden ocupar el lugar de la política. El envoltorio puede llamar la atención, claro que siempre se termina enfrentando al contenido, y ni los que perdieron pueden aducir que la sociedad no los comprendió ni los vencedores pueden esperar que sus logros se conviertan en su relato o su discurso. El momento es de final de ciclo, no hay duda; claro que eso no implica que alcance la agonía del kirchnerismo para engendrar el nacimiento de lo nuevo.

La agonía del Frente para la Victoria implica la muerte del falso progresismo, de las burocracias que se enriquecen con el cuento de ayudar a los necesitados. Ahora debemos refundar un partido que, en serio, proponga la gestión de la justicia social en democracia. A esa tarea debemos dedicarnos.

* Dirigente político