El Gobierno paga cada vez mayores costos
Nada parece detener la acelerada dinámica de los acontecimientos. Carlos Sachetto.
Nada parece detener la acelerada dinámica de los acontecimientos.
La confrontación política, esa herramienta predilecta que tienen los Kirchner para construir poder, no acepta treguas en ningún frente. Cuando no es con la oposición, es con los periodistas, o con los medios no oficialistas, o con sectores empresarios o con los jueces.
Ahora, a la luz del debate por la ley de matrimonio homosexual, recrudece la pelea con la jerarquía de la Iglesia. Pero la novedad no es esa mecánica. Lo nuevo es que cada vez son mayores los costos políticos que el Gobierno debe pagar ante cada batalla, cualquiera sea su resultado.
El escándalo por corrupción en las relaciones comerciales con Venezuela, al que la pareja presidencial califica como una "telenovela de cuarta", es una bola de nieve que crece con cada nueva revelación, en un recorrido que todavía no permite ver el final.
Malestar diplomático. El empeño demostrado por algunas áreas del Gobierno nacional para evitar que aparezcan empresarios dispuestos a admitir el pago de coimas en las exportaciones a ese país indica que los temores se multiplican en la misma proporción en que lo hace el malestar interno en la Cancillería.
Los diplomáticos de carrera sienten que se vulneran procedimientos básicos, como con la afirmación del canciller Héctor Timerman de que no se debe comunicar a los superiores por escrito si se detecta una irregularidad, sino que hay que hacerlo de modo verbal, para que no queden constancias.
Por actuar como corresponde y estampar su firma al pie, el subsecretario de Integración Económica Americana y Mercosur, Eduardo Sigal, tiene las horas contadas en el cargo.
En algunos despachos del Palacio San Martín advierten que muchos papeles comprometedores para altas esferas del Gobierno están todavía bien guardados, "pero podrían salir a la luz si fuera necesario". Y concluyen sentenciando, sin demasiada perspicacia: "Jorge Taiana sabía lo que se venía; por eso renunció". En el Congreso, en tanto, una oposición desarticulada por la diversidad de intereses que representa se ha robustecido y, después de muchos años, disfruta tener la iniciativa en cuestiones que hasta ahora sólo manejaba el Gobierno a su entera voluntad.
"Vamos por más", se oye decir a los circunstanciales aliados, aunque todos conocen los inexorables límites que tiene esa precaria unidad que hoy los entusiasma. Vuelven a la realidad cuando se hacen especulaciones electorales, y allí se acaban las sonrisas.
Como están las cosas, el oficialismo no definirá su candidatura presidencial por lo menos hasta febrero del año que viene. Se sabe que Néstor Kirchner sólo dirá que es candidato si cree que puede ganar, afirmación que hoy nadie arriesgaría. Y si decide que él no volverá a postularse, tampoco lo anunciará en forma anticipada. "Provocaría un revuelo entre los dirigentes y punteros que hoy lo apoyan; sería el sálvese quien pueda", se oyó razonar en una oficina de la Casa Rosada.
El mismo barro. Hace unos días, un interlocutor notable le preguntó a Eduardo Duhalde por qué volvió a la política partidaria cuando él podía consolidar su imagen como el hombre de las políticas de Estado, que hizo mucho para sacar al país de la crisis de 2001. El ex presidente respondió: "Quien podría dar pelea es (Carlos) Reutemann, pero alguien tiene que meterse en el mismo barro de los Kirchner y nadie lo quiere hacer". Duhalde está decidido y confía en unificar al peronismo disidente, por adentro o por fuera del partido.
En la semana, hubo un hecho que pasó casi inadvertido para el mundo de la política y sólo fue reflejado como un suceso policial. Durante la madrugada del domingo pasado, una pareja de jóvenes hizo estallar una bomba casera en una sucursal del BBVA Banco Francés, en el barrio porteño de Almagro, donde fue herida una mujer.
La acción fue captada por cámaras de seguridad y se sumó a otros varios ataques similares en lo que va del año. En este caso, se adjudicó el atentado una organización autodenominada Células Revolucionarias Brigada Andrea Salcedo.
Quienes vivieron el comienzo de la década de 1970 recuerdan que justamente ésa era una prueba de militancia y una práctica de iniciación en los grupos guerrilleros, igual que despojar de su armamento a algún policía. Andrea Salcedo era un militante anarquista asesinado en 1920 en Estados Unidos. ¿Se usó ahora su nombre sólo para confundir? ¿Estamos ante una luz de alerta? ¿Alguien quiere que en la Argentina la historia se repita?

