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El fervor de la Natividad

Han pasado 20 siglos y ­parece imposible que se continúen repitiendo los crímenes de lesa humanidad. En África mueren en la pobreza muchos inocentes.

23 de diciembre de 2013 a las 01:45 p. m.
Arnaldo Pérez Wat*
El fervor de la Natividad

Jesús utilizaba una de las lenguas arameas, quizá la más humilde, que ya se hablaba en Palestina. Se trata de sonidos algo toscos, pobres en vocales y carentes de belleza fonética. Un alfabeto que tiene los mismos signos que el hebreo y que se escribe de derecha a izquierda. Su sintaxis no se destaca entre las de otras lenguas arameas más evolucionadas. En consecuencia, sus parábolas son, la mayoría de las veces, cortas, simples y presentadas de manera que se puedan resumir en una sola oración. Y como a veces lo más grande está en lo pequeño, la grandeza de su espíritu sale de la modestia de un maestro que, sin utilizar expresiones difíciles, sin modificar mucho la apariencia de las formas, renueva el sentimiento del mundo con la magia de su verbo. Las parábolas son narraciones verosímiles, o sea, cuentos que pueden ocurrir en la vida. Es un medio excelente para hacerse comprender por la gente sencilla, porque los elementos que se presentan son conocidos por todos.Cuando él habló, sólo lo escucharon cara a cara unas pocas personas, pero las semillas de sus palabras se esparcieron por todo el mundo. Hoy la voz de aquel que dijo "Mirad los lirios del campo", vuelve a resonar con mayor intensidad para los que anhelan un cambio.En Belén, cerca de Jerusalén, nació Jesús en el reinado de Augusto y murió en el de Tiberio. Es, pues, contemporáneo de Filón, el judío; de Tito Livio, y de Séneca, el filósofo. Virgilio, si hubiese alcanzado la edad madura, lo podría haber visto con sus propios ojos.En cambio, Nerón no lo conoció; Séneca nunca lo vio, como tam­poco Flavio Josefo, ni ­Plutarco ni Tácito, que pertenecen a la generación que inmediatamente lo sucedió.Han pasado 20 siglos y parece imposible que se continúen repitiendo los crímenes de lesa humanidad. En África mueren en la pobreza muchos inocentes porque la explotación del continente está en manos de unos pocos poderosos insaciables cuyos nietos llegarán a vivir unos 130 años, según pronostican los especialistas.Nuestros medios de difusión nos muestran a otros poderosos que se pasean por sus dominios con sus aviones y algunos con aeródromos particulares, mientras los más indigentes no poseen el alimento esencial para sus niños, a los que la desnutrición condena a una existencia mucho más corta.Cuando pensamos en el hambre, en estos días, sentimos que el Nazareno siempre está presente en los comedores comunitarios que se abren a lo largo y lo ancho de nuestra hermosa patria y que en muchos casos son obra de los que menos tienen y que comparten su sustento diario.Allí, y en las otras mesas que se reúnen en la feliz Navidad, se elevan los ojos de los fieles hacia la estrella de Belén, ansiosos de justicia.Además, muchos creyentes se arrodillan acercándose a la divinidad porque las cosas terrenas no los favorecen en estos momentos. Se resisten ante la evidencia de los hechos que los desbordaron y se abrazan al milagro, ese misterio maravilloso que hace inclinar su inteligencia. No conocen lo oculto, pero la memoria de la niñez registra la narración de las maravillas de los milagros obrados por Cristo con el pueblo de Israel.Con esa inocencia (Cristo fue llamado ­Cordero de Dios por la inocencia con la que sufrió su pasión) piensan que, así como se duerme y se despierta cotidianamente, así los cuerpos han de resucitar ante el juez de los vivos y los muertos.

*Periodista