Temas del día:

El espejo de las nuevas generaciones

Ramón Bautista Mestre nos dejó el legado de ser un auténtico luchador del cambio. Un estadista que ya es patrimonio de todos los cordobeses.

06 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Javier Bee Sellares*
El espejo de las nuevas generaciones

Recordar a un hombre público es un ejercicio de la sana memoria. Los historiadores lo hacen para aportar al debate sobre su trayectoria, sus ideas, logros y frustraciones. Para los que hacemos política, es una materia preciosa para aprovechar experiencias ajenas, contextualizar su acción de gobierno y actualizar los contenidos de aquellas iniciativas fecundas.

Ramón Bautista Mestre fue un estadista valeroso y destacado. A 10 años de su muerte, evocamos a este hombre que ejercía un liderazgo donde sobraban las palabras, que reflejaba su acción en la mirada, siempre apostando a formar los mejores equipos de trabajo. Su construcción era colectiva, no aceptaba a los adulones y cobardes.

Sus obras, concebidas conforme a un plan ejecutado con bríos transformadores, despertó entonces polémicas y, mucho después, reconocimiento.

Desde la Secretaría General -integrando el equipo de Justo Páez Molina-, como intendente y gobernador, Mestre fue sin duda un estadista, un hombre que vio siempre el horizonte, que gobernó para las futuras generaciones. Su obra era una filigrana de decisiones concatenadas en donde pocos descifraban el final.

La palabra dada, el respeto por los adversarios políticos y sus correligionarios, tenían una dimensión distinta en el mundo Mestre. En un país donde el Radicalismo es cuestionado por su convicción de poder y su habilidad para gobernar, Mestre marcó un rumbo a imitar por las nuevas generaciones de dirigentes políticos.

De su San Juan natal trajo el temple de los hombres que forjaban la historia. Fue estudiante universitario destacado, luego docente y político, actividades que alternó con el ejercicio de su profesión pero además lo complementó con una importante actividad gremial.

De la misma fibra de Amadeo Sabattini y Justo Páez Molina hizo docencia con la decencia. De ellos heredó esa impronta de los que saben que la obra pública marca el camino al progreso y mejora la calidad de vida de los vecinos.

Sin dudas, hay un hilo conductor, un pensamiento firme entre ese plan trienal de Páez Molina (1965-1967) que lo tuvo como ejecutor desde su lugar de Secretario General de la Gobernación, a las 38 escuelas que construyó en 100 días priorizando la educación en los sectores más carenciados, la construcción de los tres hospitales de alta complejidad en el interior de Córdoba o las 15 mil viviendas que inauguró como gobernador.

El mismo Mestre que hizo historia recuperando el río, convirtiéndolo para siempre en un corredor que marcó a nuestra ciudad.

El registro del modo de ejercer funciones ejecutivas, respetando los poderes republicanos, demuestra que su observancia no le impidió modificar la realidad. Lo hizo en las responsabilidades que tuvo y en momentos en que imperaba un modelo que comprimía las actividades productivas, generaba desempleo y asfixiaba a las finanzas públicas que debieron recurrir al endeudamiento con el consiguiente ajuste.

Mestre equilibró las finanzas recibidas, recuperó la confianza de ciudadanos y empresas y desarrolló obra pública con prioridades estratégicas, concebidas para generaciones futuras. Se le enrostró su carácter, seguramente porque el facilismo y la demagogia, que hipotecan todo en el corto plazo, pueden resultar redituables para ganar elecciones, haciendo lo mismo y persistiendo en lo de siempre, porque remover lo establecido significa arbitrar entre intereses contrapuestos. No era ésa la comodidad que le otorgaba tranquilidad ni creía que la propaganda sustituía los hechos.

Tengo la certeza de que Mestre tenía una inquebrantable vocación de poder, para servir a quienes lo votaron muchas veces. Pagó un caro precio por esa actitud franca y por ese compromiso avizoró resultados benignos contradiciendo el siempre volátil estado de opinión pública.

Con sentida sensibilidad y noción de sus costos debió tomar decisiones severas pero indispensables. Le dolió como el que más cuando verificó esa incomprensión sobre su gestión y regresó a la militancia del partido que lo proyectó y al que enriqueció con matices y reflexiones.

Sin embargo, el sistema democrático se manifiesta de distintas maneras y los pueblos se expresan libremente cuando madura la perspectiva histórica. Por ello, ese hombre que parecía recio y no regalaba lo no ganado, entrelazó lazos indestructibles con amigos y adversarios, recibió el cálido tributo de hombres y mujeres en su última travesía por las calles de la ciudad que conoció como pocos.

El gobernante sin concesiones, con convicciones realistas, que ganó respeto como diputado provincial y convencional constituyente nacional, disolvía distancias para conocer la realidad y parecía impulsado por una fuerza interior que algunos suponían inapropiada para ganar voluntades.

En este nuevo aniversario de su muerte, estoy convencido que Mestre cumplió con el mandato institucional y social, porque sus huellas calaron hondo y lo pendiente goza de plena vigencia entre los que se forjaron cerca suyo.

Se retiró de la política a lo Mestre, sin medias tintas, dejando su vida. Para muchos era nuevamente el futuro gobernador de Córdoba. A los que nos forjamos cerca suyo nos anima a tomar la antorcha y retemplar el espíritu que adornó su rica personalidad.

Es bueno juzgarlo con rigor y objetividad, para extraer conclusiones y apropiarnos de experiencias, métodos y formas eficientes.

Mi conclusión, sin negar el vínculo afectivo que tuve, pero sin derrapar en nostalgias rutinarias, es que Mestre abordó y resolvió los problemas que las circunstancias le impusieron. Se hizo cargo y cuando entregó el poder a sus sucesores, la mayor parte de ellos tenían una magnitud mucho menor.

Ramón Bautista Mestre nos dejó el legado de ser un auténtico luchador del cambio. Un estadista que ya es patrimonio de todos los cordobeses.

*Presidente del Bloque Concejales de la Unión Cívica Radical. Vicepresidente del Comité Central de la Provincia de la UCR.