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El espejo de Daniel

La inseguridad se convirtió en la excusa para que Néstor Kirchner reprendiera en público al gobernador Daniel Scioli. Julio C. Perotti.

12 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El espejo de Daniel

A lgo se trizó. Ocurrió en la estratégica provincia de Buenos Aires, pero podría ser el espejo en el que tal vez tengan que mirar su futuro muchos dirigentes que no terminan de jurar fidelidad a Néstor Kirchner con la firmeza que él exige. El gobernador Daniel Scioli debió soportar a pie juntillas la ira mandona del jefe, quien le asestó una reprensión severa que sólo unos pocos como él podrían soportar.Kirchner lo hizo parar a su lado en un acto en el que lanzó una fuerza propia en el distrito bonaerense, lo que implica que no está dispuesto a jugar su vida sólo con el sciolismo.Pero, además, le exigió en la cara que deje de andar con evasivas y diga "con nombre y apellido quiénes son los que le atan las manos" y le impiden luchar contra la inseguridad.Dos cuestiones emergieron, entonces, como ejes de la exigencia que Kirchner hace de quienes dicen ser sus aliados: Primero, que conviertan en hechos los compromisos políticos, y esto significa, de una, no tratar de caer simpático con aquellos a los que Kirchner considera enemigos. Esto es simple: o se juega en esta vereda o se cruza a la acera de enfrente. Nada de ser tributario de elogios como los que Eduardo Duhalde hizo sobre Scioli. Segundo, que nadie permita que la inseguridad se convierta en un tema de agenda que, por más que quiera, el Gobierno nacional no va a poder excluir de sus responsabilidades. Preexistentes al ataque a balazos en La Plata a Carolina Píparo, la joven que por eso perdió el hijo que engendraba, pero potenciadas en el miedo público a partir de este hecho, las salideras bancarias obligaron al Congreso a tomar acciones que incluyeron, desde luego, a la bancada kirchnerista.Sin embargo, la cuestión abrió una grieta dentro del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner: el inefable jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, consideró que el proyecto era "horrible" y hasta sostuvo que los legisladores se equivocan si creen que una ley "morigera" un delito. Al contrario, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, le dio la bienvenida, aun cuando admitió, con la razonabilidad de la que suele carecer su colega, que no será la solución definitiva al flagelo.Lo que parece estar claro es que, antes que asumir que son necesarias esas y muchas otras medidas, el Gobierno insiste en tirarle los caballos encima a los jueces que practican "un falso garantismo (que) permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra" (Kirchner dixit).No es novedad: la inseguridad es un viejo fantasma que persigue al kirchnerismo desde las épocas en las que el ahora desteñido Juan Carlos Blumberg sacó a miles de personas a las calles para protestar contra los secuestros y la inacción del Gobierno. ¿Y por casa...? Pero volvamos a la política: aquella embestida de Kirchner contra Scioli fue seguida con atención desde el mismo jueves en el peronismo cordobés. Los que quieren bien a José Manuel de la Sota y ya lo ven vestido de candidato aseguran que esa llovizna no los moja: "En Buenos Aires, Kirchner puede ir con quien le asegure mejor chance, sea Scioli, (Hugo) Moyano o los intendentes. Acá no tiene otro camino que jugar en nuestro esquema. Al 10 por ciento del kirchnerismo cordobés no lo hacen crecer ni los cálculos de (Guillermo) Moreno", sostuvo uno de ellos.Los que desconfían de un acuerdo entre Kirchner y De la Sota tienen sus prevenciones: "Si así cacheteó a Scioli, lo puede hacer con quien quiera. Siempre es de cuidarse. Es cierto que el último arreglo con (el gobernador Juan) Schiaretti fue bueno, pero su capacidad de daño sigue siendo enorme". Llamada de Marcos Juárez. Como fuere, el peronismo cordobés se encargó de enviar mensajes sobre las implicancias que podría tener el triunfo en la elección municipal de Marcos Juárez. "Los ecos de este canto de Marcos Juárez ya resuenan en la provincia de Córdoba camino al 2011", decía el mismo domingo a la noche José Manuel de la Sota, quien aún no define si será candidato.En los últimos días, en horarios centrales de la televisión cordobesa, aparecieron avisos de Unión por Córdoba, en la misma línea discursiva de De la Sota. "Este magnífico triunfo hace eco en toda la provincia camino al 2011", sostiene la publicidad, que reivindica la alianza con el vecinalismo de Eduardo Avalle.¿Tocará a las puertas de los Kirchner el mensaje de las urnas, con su candidato a la cola? Marcos Juárez fue un mojón que, a criterio de delasotistas y schiarettistas, deja en evidencia que cualquier experimento electoral kirchnerista que no contenga al peronismo oficial de Córdoba puede estar condenado al fracaso.Se escucha con insistencia que los líderes peronistas cordobeses quieren una condición que parece imposible de cumplir para Kirchner: que el acuerdo pase inadvertido.En el opositor Peronismo Federal, se da por hecho que el acuerdo De la Sota-Kirchner existe y se mantendrá, pesea todas las escaramuzas que puedan ocurrir. Por eso, están en busca de una alternativa que los ayude a hacer pie en Córdoba. El ex defensor del Pueblo Eduardo Mondino es punta de lanza, pero en las últimas horas creció la idea de venir en la búsqueda de Luis Juez, quien ha dicho que su "único límite" para un acuerdo es el kirchnerismo.Por cierto, esto podría ofrecer a Juez algo de lo que carece: un anclaje nacional. Porque, si bien hasta ahora coqueteó con Elisa Carrió, con Hermes Binner y con Fernando "Pino" Solanas, no terminó de consolidar una alianza.Enemistados a muerte, De la Sota y Juez coinciden en una necesidad: que las elecciones provinciales estén separadas de las nacionales, pero también de las municipales. En ambos casos, de momento les faltan también postulantes consolidados a la Intendencia de Córdoba, categoría para la que sí lo tiene el radicalismo, con Ramón Mestre hijo.