El cuarto modelo
Argentina tuvo un modelo agroexportador luego del proceso que significó la redacción de la primera Constitución Nacional, que posicionó al país dentro del contexto mundial y duró aproximadamente 50 años. Gustavo Scarpetta.
Argentina tuvo un modelo agroexportador luego del proceso que significó la redacción de la primera Constitución Nacional, que posicionó al país dentro del contexto mundial y duró aproximadamente 50 años. Se trató de un modelo poco inclusivo, que necesitó "importar" mano de obra, aunque no brindaba buenas normas laborales. La movilidad social era escasa, con grandes desigualdades sociales. Un país visto como exitoso desde el exterior, aunque con muchas deudas internas. Era un país para pocos. En los años siguientes, el modelo se basó en la creación de una industria que sustituyera importaciones. La crisis de 1929 generó un fuerte auge del proteccionismo y entonces nuestro país diseñó mecanismos similares. Se llamó "política de sustitución de importaciones" y, con algunas diferencias, la llevaron a cabo todos los gobiernos de América del Sur. El primer modelo era, claramente, no inclusivo, pese a que generaba un acceso de la Argentina a los mercados mundiales. Para mantener ese modelo, era necesario pagar bajas retribuciones u organizar un país pequeño en cantidad de habitantes. El mercado interno era chico. En el segundo, el mercado interno cumplía un importante papel; se generaba mejor distribución del ingreso y mayor inclusión. Los indicadores sociales así lo expresaban. Sin embargo, la Argentina empezaba a tener una industria muy dirigida al mercado interno, poco competitiva a nivel internacional, por lo cual, sin una agricultura fomentada y con una industria escasamente exportadora, nuestro país comenzó a crecer en forma lenta, a distanciarse de países con los que se igualaba en riqueza en años anteriores. Su posición en el comercio mundial disminuyó. Llega la apertura. La apertura indiscriminada o discriminada a favor de ciertos sectores se implementó en dos momentos específicos; por caso, durante el proceso militar iniciado en 1976 y en los primeros años de la década de 1990. Ese modelo generó una rápida destrucción de vastos sectores de la economía nacional e impactó de manera negativa en el desempleo, que logró cifras récords comparadas con las conocidas hasta entonces. En el caso del proceso militar, al período se lo denominó también de "la plata dulce" y del "deme dos" en Miami, donde un grupo cada vez más numeroso de argentinos salía a gastar los verdes que fácilmente eran cambiados. Situación similar encontramos para 1990, cuando los argentinos llenaban los vuelos chárteres en busca de playas paradisíacas, rodeados de alemanes, italianos y franceses, tres de las economías más importantes del mundo. Políticas erróneas. El exceso de proteccionismo, así como la apertura indiscriminada, significaron dos políticas erróneas a lo largo de la historia argentina. Una generó una industria sobreprotegida, no competitiva y escasamente exportadora, que disfrutaba de precios elevados en el mercado interno, sin incentivos para hacerse más eficiente. La apertura dejó tasas altísimas de desempleo, que llevó años disminuir y provocó un debilitamiento del entramado industrial de la Argentina y un clima de desigualdad social que condujo a un difícil y adverso panorama. La distribución de la riqueza tuvo, en ambos casos, un fuerte retroceso y se alejó de los parámetros internacionalmente aceptados y en los cuales la Argentina mostraba notables pérdidas de la movilidad social. Los modelos anteriores dejaron beneficiados y perjudicados. Algunos elogian sin críticas a determinado modelo; otros sólo atacan sin miramientos al alternativo. En realidad, estamos frente a proyectos y procesos que se dieron en cierto contexto histórico y también en determinado escenario global.El actual muestra una importante convulsión. Las fuertes crisis de Estados Unidos y Europa, la incapacidad mostrada para que ambas economías recuperen el vigor, así como el ascenso de los Brics (Brasil, Rusia, India y China, y más recientemente Sudáfrica), muestra que el tablero se cayó y, cuando se vuelva a equilibrar, las fichas pueden estar cambiadas. El liderazgo norteamericano está siendo cuestionado fuertemente por China. Dentro de ese contexto, los países emergentes están recibiendo como maná del cielo elevados precios de las materias primas y de los minerales, que les permiten evitar los déficits fiscales y comerciales que siempre los asfixiaron en épocas no tan lejanas. El tren está pasando para lograr el desarrollo. Crecer al cuatro o dos por ciento no es lo mismo. Si se crece al cuatro por ciento, en menos de 40 años ese país será el doble de rico que el otro que creció al dos por ciento. El cuarto modelo es para todos, inclusivo, con un agro competitivo y una industria fuertemente exportadora, que no se "esconda" para evitar competir y que pida proteccionismo para asegurarse el mercado interno, con inversiones que aseguren que el crecimiento se mantendrá, con buenos números fiscales y educación de calidad para toda la sociedad. Ojalá no se vuelva al pasado y se planifique hacia el futuro.

