El Club de Parísy algunas reacciones inexplicables
Quizá el éxito más resonante –que de manera paradójica ha sido casi acallado por todas las partes– es que se logró que quedara totalmente al margen el Fondo Monetario Internacional.
El Club de París es una organización integrada por 19 países considerados "ricos", que han venido atendiendo las derivaciones que puedan tener ciertos créditos que sus integrantes acordaron a un casi centenar de otros países con mucho menor poderío. Su origen –a instancias del gobierno francés– tuvo como primera tarea tratar de renegociar la cancelación de una deuda de 700 millones de dólares que contrajo Argentina a través del gobierno militar de facto que derribó a las autoridades constitucionales en la década de 1960.Pese a su denominación, no tiene las características que exhiben los organismos formalmente estables, que registran funcionamiento diario, y sólo convoca a representantes de sus miembros cuando existe algún problema que requiere ser resuelto de manera colectiva.Con el correr de los años, se sumaron múltiples situaciones semejantes protagonizadas por países que, de una u otra forma, fueron sometidos a su intervención contemporizadora, mediante la cual se minimizaron los desencuentros y, con mucha frecuencia, hasta se limaron asperezas para lograr puntos de coincidencia.En nuestro caso, en el lapso transcurrido hasta fines de 1992, se suscribieron acuerdos ocho veces y, obviamente, en cada oportunidad la cifra fue creciendo, tanto por la concesión de nuevas operaciones o la automática capitalización de intereses devengados a una tasa del siete por ciento anual acumulativa.El 62,1 por ciento de la respectiva deuda de capital básica se concretó durante el período 1976-1983; o sea, en tiempos en que el manejo de la cosa pública estaba a cargo de los funcionarios de la última dictadura militar.
Negociación y protagonistas
Los acreedores son 16 países. A la cabeza de ellos, figura Alemania, con unos 2.900 millones de dólares, seguido por Japón, que aparece con unos 2.400 millones. Y luego, a través de cifras notoriamente menores, se alinean Holanda, con 870 millones; Italia, que suma 775 millones, y Estados Unidos, con 680 millones.
El resto –hasta completar un tota l de 2.075 millones de dólares– se reparte con montos muy pequeños entre 11 países. Es obvio que los más duros de convencer fueron los dos primeros, pero al final consintieron en aceptar la propuesta argentina.
Quizás el éxito más resonante –que de manera paradójica ha sido casi acallado por todas las partes– es que se logró que quedara totalmente al margen el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo cual ocurre por primera vez en 58 años.
Las últimas transacciones de crédito incluidas datan de la década de 1990 y, desde entonces, los incrementos operados están generados de forma exclusiva por las sucesivas cargas de los intereses hasta el último día de abril del corriente, en que quedó virtualmente congelada la cifra para dar lugar a las nuevas condiciones pactadas después de arduas y prolongadas negociaciones.
En suma, su definitiva y total cancelación –que se suscribió el 28 de mayo último– prevé un pago inicial, a cuenta, de 650 millones de dólares en julio próximo y otros 500 millones de dólares en mayo de 2015.
Se formuló un cronograma de cinco compromisos anuales iguales, más el interés sobre saldo del tres por ciento que en cada caso correspondiera. Está previsto, además, que si hubiere alguna dificultad, dichos pagos podrían extenderse a siete años, aunque en esa circunstancia el costo financiero se elevaría al cuatro por ciento anual.
En víspera de viajar a París el ministro de Economía y su equipo de cinco técnicos de primera línea, muchos tradicionales críticos eran muy escépticos sobre las posibilidades reales de lograr algún avance.
No obstante, después de 22 horas de discusión, felizmente se llegó al mencionado acuerdo y quienes antes anticiparon que fracasaría quedaron bastante desairados.
Lo importante es que el país resuelva este, uno de sus últimos conflictos financieros pendientes, ya que obstruía en forma absoluta la concesión de créditos para realizar inversiones en la Argentina, tanto a países como a empresas y también a particulares.
Visiones sobre el acuerdo
La repercusión del resultado obtenido y las nuevas perspectivas que abre han sido casi admitidas de manera unánime por los diversos sectores de opinión, con mayor o menor grado de énfasis.
Aun así, resulta muy significativo que los que se han acostumbrado a buscar siempre “cinco patas al gato” hagan una serie de críticas con escaso o ningún fundamento. La que, en apariencia, es más consistente se refiere a que el gobierno actual traslada el 90 por ciento de los nuevos compromisos al que en lo inmediato lo sustituirá al final de su gestión.
Esto constituye una falacia, pues la deuda data del período 1956-1994; pero lo más relevante es que entre 2003 y 2013 se han cancelado, sólo por capital, deudas en moneda extranjera por 172.570 millones de dólares, que generaron los gobernantes de esos período s, civiles y militares.
Argentina es hoy uno de los países menos endeudados del planeta en moneda extranjera y lo concretado será una vía de enorme valor para reinsertarse en el mercado mundial de capitales, del cual estábamos drásticamente excluidos.
Los argentinos que son imparciales pero quieren profundamente a su país no pueden dejar de ponderar el éxito que implica el acuerdo con el Club de París y aunar esfuerzos para que nunca más se afronten tan pesadas cargas como las que se han venido pagando.
Sólo una actitud leal en tal se ntido otorga la indispensable autoridad moral y ciudadana para señalar también los errores en que se pueda incurrir. Que, por otra parte, no son pocos.
*Profesor de posgrado de Ciencias Económicas (UNC)

