Villas y tolderías
El Estado y la comunidad deben encarar una acción enérgica y eficaz para al menos mitigar el problema de las viviendas precarias y la situación de los “sin techo”.
Bajo la denominación un tanto académica de "reubicación de familias carecientes", se esconde un drama social y humano que va creciendo en proporciones alarmantes y que es fuente de conflictos entre los "nuevos vecinos" y los propietarios tradicionales, sean de barrios residenciales o de sectores también humildes. Se trata, en suma, del traslado de las villas de emergencia a otros lugares, a veces relativamente aislados o también colindantes con otros. Lo cierto es que nadie, o muy pocos, quieren aceptar a los "nuevos vecinos", aunque éstos sean gente decente, trabajadora y sin antecedentes penales. Existe la creencia generalizada –aunque no siempre sea así– de que gente de la villa es sinónimo de delincuencia, vagancia y violencia.Hay también aspectos culturales, como lo dice la especialista Graciela Maiztegui, quien señaló que la sociedad en general, pero sobre todo los sectores medios, son temerosos ante estos cambios, por desconocimiento, discriminación o falta de solidaridad. Pero también por la comprobada evidencia de que una villa puede ser –y lo es en muchos casos, aunque no de modo generalizado– refugio de delincuentes o centro de tráfico de drogas y personas.Alguien podría decir, con mucho de razón, que la delincuencia y el narcotráfico se dan también en otros sectores de la sociedad, pero lo cierto es que el Gran Córdoba es escenario de un sinnúmero de problemas, desde la resistencia de los antiguos residentes a los nuevos asentamientos, hasta las dificultades para proveerles electricidad, agua potable y recolección de basura; es decir, los servicios urbanos esenciales.El asunto es más complejo de lo que parece, ya que la misma idea de "reubicación" es motivo de controversias. Otra especialista, la arquitecta chilena Joan Mac Donald, se muestra partidaria del mejoramiento de las villas antes que de su traslado forzoso a lugares distantes de la ciudad, pero para ello se requiere de una acción concertada entre el Estado y la comunidad. Cita, a modo de ejemplo, la acción desplegada por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Córdoba en Villa Rivadavia, al sur de la ciudad, donde alumnos y profesores llevan a cabo un programa de mejoramiento de las viviendas de los vecinos. Este último parece ser el camino más racional y positivo desde el punto de vista comunitario, pero la desmesura de los problemas planteados desborda todas las alternativas.En la Capital Federal hay avenidas, plazas y predios que han sido invadidos por una especie de tolderías, es decir chozas armadas con telas y cartones sostenidos por alambres. Esos asentamientos precarios e itinerantes están obviamente muy por debajo del nivel de una villa miseria común, lo que confirma que estamos ante un problema cuya magnitud requiere de una enérgica, sostenida y eficaz acción de los distintos niveles del Estado y de la comunidad.

