Venezuela, en una nueva hora
Que la oposición haya obtenido más votos y el partido de Hugo Chávez más diputados habla de un resultado equilibrado, que puede ser el punto de partida para una reconstrucción democrática.
En las elecciones legislativas venezolanas, el gobierno de Hugo Chávez perdió la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional (Parlamento), aunque al haber obtenido más bancas, tiene mayoría simple; en tanto, la oposición triunfó en la votación popular, con el 52 por ciento contra el 48 por ciento del chavismo. Fue, como puede advertirse, un resultado muy equilibrado. En la anterior elección parlamentaria, los partidos opositores no se presentaron, en una especie de boicot al régimen de Chávez, pero esta vez se unificaron en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), junto a otros partidos opositores menores, con los cuales obtuvieron 65 escaños, mientras que el chavista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) llegó a 98. Las leyes electorales tienen esas cosas, ya que a veces los partidos más votados en todo el país tienen una representación parlamentaria menor, porque otro partido –en este caso el chavismo– se impuso en 18 de los 24 estados interiores.Pero lo importante de esta elección es que le ha puesto un freno al proyecto autoritario y personalista de Hugo Chávez y ha devuelto a Venezuela la fisonomía de una democracia pluralista, como la que tuvo en otros tiempos. Ahora, Chávez no está solo; cuenta con una oposición, que obtuvo el 52 por ciento de los votos y 65 diputados.Lo ideal sería –dada la nueva relación de fuerzas– que ese gran país se encaminara por la senda de una convivencia civilizada. No va a ser fácil, ya que Chávez no es alguien de hacer muchas concesiones a sus adversarios y, en su primera declaración pública después de los comicios, en vez de saludar a todos los venezolanos e instarlos a la unidad –como se estila en estas ocasiones– se despachó contra los opositores, con su habitual lenguaje agresivo y chapucero. De ahí que el futuro se presente muy conflictivo desde el punto de vista político, institucional y social hasta la elección presidencial de 2012, que confirmará el liderazgo de Chávez o proclamará a un sucesor.Venezuela –con casi 40 por ciento de inflación anual, lo que se traduce en una pérdida del poder adquisitivo que los planes sociales no alcanzan a compensar, y una ola de inseguridad que se extiende por todo el territorio– no está pasando precisamente por un buen momento. La comunidad internacional y América latina en particular deben ayudar al país caribeño a consolidar una democracia pluralista y solidaria.La Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) deben, a su vez, hacer todo lo que esté a su alcance para que sea respetada la voluntad del pueblo venezolano, libremente expresada en las urnas, y para que la patria de Simón Bolívar, Rómulo Gallegos y otros muchos demócratas que honran su historia vuelva a ser un ejemplo para todos los pueblos latinoamericanos.

