Usos y abusos del Fútbol para Todos
El Gobierno nacional utiliza el eslogan "Fútbol para Todos" con fines propagandísticos e inunda las transmisiones con publicidad oficial.
Si hay un tema sensible en la Argentina, ése es el del fútbol, mal que les pese a quienes piensan que los argentinos deberían preocuparse de cuestiones más importantes. Lo reconoció la presidenta Cristina Fernández, en ocasión de su intento de concretar una cadena nacional en el Día de la Mujer, frustrada... por la transmisión de un partido de fútbol. Lo hizo con una frase que tiene su sello: "Estamos dispuestos a enfrentar a las hordas opositoras, pero no a un hincha de fútbol". Pues bien, durante mucho tiempo, la televisación del fútbol de Primera División estuvo sometida a un contrato que, entre otras cosas, permitía a su concesionario codificar la señal de los partidos más importantes y cobrar un plus para emitirlos. Quienes no lo pagaban podían "vivir" el encuentro viendo la imagen de las tribunas -que difundían otros canales- y disfrutar o padecer a su compás, mientras una voz en off le contaba lo que estaba sucediendo en la cancha. Esa situación concluyó cuando una disputa por el monto del canon entre la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y la concesionaria puso en peligro la continuidad de los campeonatos y, obviamente, la televisación de los encuentros. El Gobierno nacional intervino, se hizo cargo del contrato y convirtió a la difusión en directo en una cuestión de Estado, bajo el lema "Fútbol para Todos", eliminando la codificación. Después, los argentinos se enteraron de que esa intervención costará unos 900 millones de pesos este año. Es cierto que ahora llega a los confines de todo el país, aunque hay muchos lugares en los cuales la señal de la televisión pública sólo se capta contratando un sistema de cable. Hay quienes piensan que, en realidad, sin codificar los partidos se beneficia a sectores que podrían pagar un canon extra y disminuir un déficit que, ese sí, debemos pagarlo todos. El uso del fútbol con fines propagandísticos no es patrimonio de este Gobierno. Hasta en la presidencia de Raúl Alfonsín hubo intentos de intervención, en ese caso para destituir al técnico de la selección 1986. Lo que se hace hoy con el mentado Fútbol para Todos se convierte en abuso cuando las transmisiones se ven inundadas de publicidad oficial, algunas de ellas de decidido mal gusto y hasta riesgosas para la institucionalidad. Ese es el caso de la que denuncia con nombre y apellido a una jueza que falló en contra del Estado en un juicio en el que, precisamente, estaba involucrada la televisión privada. Nunca más oportuno recordar que la televisión pública debe ser del Estado, no del gobierno de turno.

