Una democracia imperfecta
La democracia en la Argentina no podrá alcanzar su condición de tal si las organizaciones sindicales –que desempeñan un papel clave en el orden social– no asumen el respeto de la libre voluntad de los afiliados y la renovación de su dirigencia.
Aun con imperfecciones, la democracia se ha consolidado en la Argentina como forma de gobierno y organización social. No es poco valorar definitivamente este sistema, luego de períodos turbulentos y de violencia institucional en la historia reciente. La tarea pendiente es que cada organismo o expresión social funcione con las reglas democráticas, que exista una limitación en los mandatos para facilitar la renovación de los dirigentes, que sea una realidad el control por parte de las minorías y que sean respetadas las múltiples voces que naturalmente surjan en cada entidad sectorial. Los partidos políticos y las organizaciones empresarias han dado pasos en esa dirección, pese a que sería deseable un avance más notorio. La contracara es el sindicalismo, en el que muchos dirigentes parecen eternizarse en los cargos y las minorías son perseguidas o expulsadas de la vida interna de las organizaciones. En no pocos casos, esas diferencias se han resuelto a través del enfrentamiento entre facciones. Los casos más notorios en público son los de los gremios de la construcción y de camioneros.Los titulares de esos sindicatos llevan más de 30 años en el poder, aunque no son una excepción. La mayoría de las grandes organizaciones sindicales cuentan con dirigentes que han sobrevivido a distintos gobiernos, desde la dictadura militar hasta la última gestión de Cristina Fernández. Quizás el caso más emblemático sea el del titular del gremio de Correo y Telepostales, Ramón Baldassini, quien permanece en funciones desde hace 53 años, pese a los notables cambios producidos en la actividad y en los discursos políticos.La dirigencia gremial de Córdoba repite esa extensión inacabable de los mandatos, pese a que la renovación en la conducción –en actividades y partidos políticos– ha sido sugerida como una forma de mejorar las administraciones, llevar adelante nuevas reivindicaciones y colaborar en la transparencia del manejo de fondos millonarios.La supervivencia durante décadas al frente de un sindicato está relacionada con el manejo de esos recursos y los de las obras sociales, aunque en teoría debieran ser dos administraciones separadas. No obstante, los dirigentes que conducen los gremios, también tienen bajo su responsabilidad los entes mutuales, cuyos números son, por lo general, inaccesibles hasta para los propios beneficiarios.El presidente Mauricio Macri anunció su decisión de avanzar en una reforma política. La democracia en la Argentina no podrá alcanzar su condición de tal si las organizaciones sindicales –que desempeñan un papel clave en el orden social– no asumen el respeto de la libre voluntad de los afiliados y la renovación de su dirigencia.

