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Una crisis que no es ajena

Más allá de los problemas propios, la Argentina no debe desentenderse de la crisis de Brasil por tratarse de un socio estratégico para su crecimiento y por el impacto democrático en la región.

02 de abril de 2016 a las 12:40 a. m.
Una crisis que no es ajena

La crisis política y económica en Brasil, que todos los días alcanza un mayor grado de virulencia, no es indiferente para los argentinos. No lo es en cuanto la Justicia de ese país ha demostrado un fuerte grado de independencia de las presiones políticas, hasta poner bajo la lupa al expresidente Lula Da Silva, luego de haber encarcelado y condenado a prominentes figuras partidarias y empresarias. La corrupción se montó en torno de la principal empresa brasileña –Petrobras–, que realizaba contratos millonarios de obras en los que se incluían sobreprecios que se distribuían luego entre funcionarios, políticos y hombres de negocios.Las investigaciones llevaron a la cárcel a exintegrantes del gobierno de Lula, e incluso a Marcelo Odebrecht, responsable de la principal empresa de construcción de Latinoamérica.El espejo castiga, por contraste, a la Justicia argentina. Del menemismo, se recuerdan escasas condenas, pese a innumerables denuncias de corrupción. Apenas tres funcionarios kirchneristas fueron condenados –Felisa Miceli, Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi–, pese a múltiples sospechas, incluso, de lavado de dinero.Tampoco nuestra Justicia decidió profundizar las denuncias de los "arrepentidos" en Brasil, que reconocieron negociados con empresas argentinas. Compañías investigadas ganaron meses atrás millonarias licitaciones en Córdoba.La Argentina no puede ser indiferente a la situación de Brasil. El Mercosur es un tratado que habilita el libre comercio y el intercambio de bienes, servicios y trabajadores, el cual no puede ser pensado sólo para maximizar ganancias, sino también para atender las necesidades de los países miembro. Tampoco se conocen acciones relevantes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que fue creada para la protección de la democracia y el desarrollo de la región.Los países del continente han preferido tomar distancia del conflicto institucional entre la coalición gobernante y los partidos de la oposición. El cuadro se agravó días atrás con la ruptura de la alianza en el poder, al abandonar el Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) la coalición oficial. Ni el Mercosur ni la Unasur ofrecieron sus buenos oficios para esbozar una solución a una crisis que parece conducir a la remoción de Dilma Rousseff.La distancia que tomaron los gobiernos de la región, incluida la administración de Mauricio Macri, puede ser perjudicial para sus propios países. Y el más afectado será Argentina, pues uno de cada cinco dólares que ingresan por exportaciones proviene de Brasil. Una agudización del conflicto expondrá al mercado local a la venta de productos brasileños que no se pueden colocar en el vecino país.La crisis de Brasil no puede ser desatendida por las naciones de la región. Y es la Argentina la que tiene una responsabilidad mayor en cambiar esa actitud y hacer un aporte decisivo para consolidar la democracia y el crecimiento de Latinoamérica.