Una causa nacional
El irrenunciable derecho de la Argentina sobre las Islas Malvinas debe sostenerse siempre en el diálogo, mediante una política diplomática clara, consensuada y pensada a largo plazo.
El Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, que se conmemora hoy, debe ser motivo de un renovado homenaje a las víctimas de aquella tragedia en la que nos embarcó un gobierno de facto en retirada. También, una jornada de reflexión sobre las secuelas que dejó en el terreno diplomático y político aquella contienda contra el Reino Unido.
La evocación de hoy coincide con el 31º aniversario del 2 de abril de 1982, cuando tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas. Esa avanzada dio pie a una contienda bélica con Inglaterra que a la tropa argentina le costó casi 700 muertos, la mayoría de ellos jóvenes conscriptos que fueron llevados a la aventura con un adiestramiento militar insuficiente.
La primera reflexión debe apuntar a una cuestión de pura lógica: no hay espacio para pensar en otra escalada bélica trasnochada como la que se puso en marcha hace 31 años.
La única vía posible para sostener el irrenunciable derecho argentino de soberanía sobre las islas es el diálogo bilateral y la diplomacia, conceptos que el Reino Unido, como parte invasora, niega de manera sistemática.
El gobierno de Londres, lejos de acatar las resoluciones de las Naciones Unidas (ONU) tendientes a reanudar una mesa de diálogo por la soberanía en Malvinas, ha tomado por el camino de las amenazas, sintetizadas en las destempladas declaraciones del primer ministro David Cameron, entendibles sólo como demagogia interna.
También resultó una clara provocación el referendo que se realizó el 19 de marzo pasado y al cabo del cual los malvinenses se pronunciaron por abrumadora mayoría, como se esperaba, por mantener el estatus político de Malvinas como territorio del Reino Unido de ultramar.
Por el lado del Gobierno nacional, la presidenta Cristina Fernández y su canciller, Héctor Timerman, han tenido también manifestaciones desafortunadas que no contribuyen a la pacificación del conflicto ni a revalorizar una política exterior sería y creíble en la aldea global.
Otros discursos de alto tenor serán oídos seguramente hoy, durante los actos evocativos que se realizarán en todo el país. Pero sólo una cuota de sensatez de las partes posibilitará reanudar las negociaciones conforme a lo dictaminado por las autoridades de la ONU.
Malvinas, por lo demás, es un sentimiento caro para los familiares que sufrieron la pérdida de sus seres queridos en aquella contienda bélica y, también, para los excombatientes muchas veces olvidados por el propio Estado, que tiene la obligación de contenerlos y asistirlos.
Es cierto que cada 2 de abril se renueva la esencia patriótica de millones de argentinos; pero Malvinas debe ser una causa que no cobre vigor sólo en las fechas evocativas y que comprometa a las autoridades a encauzar tratativas diplomáticas serias y responsables.

