Un lugar lejos del mundo
La caída en las exportaciones refleja la pérdida de competitividad de la Argentina –cuya presencia ya era mínima en el mercado global–, lo que impacta en las inversiones y en los empleos de calidad.
Las exportaciones argentinas vienen cayendo en forma sistemática en los últimos 18 meses, lo que indica una enorme pérdida de competitividad para mantener y ganar nuevos mercados en el exterior. Los mayores costos internos y la permanencia de un dólar oficial que durante los últimos 10 meses sólo reflejó una pequeña parte de la inflación desalientan a quienes pretenden ofrecer bienes y servicios al mundo.Existen cientos de compañías que aún mantienen sus despachos sólo para evitar la pérdida de mercados que luego se tarda años en recuperar.La menor competitividad es evidente en la caída de los envíos industriales. Medidos en cantidades, en mayo retrocedieron 16 por ciento comparados con el año anterior. Las ventas al exterior se sostienen por el aumento de los despachos de cereales y oleaginosas, y de sus manufacturas.En lo que va de 2015, sólo por la caída de los precios de las principales commodities agrícolas (soja, maíz y trigo) y del petróleo, Argentina perdió 4.900 millones de dólares. Si se suma la retención de acopiadores y productores ante la expectativa de devaluación, los menores ingresos llegan a 6.900 millones de la divisa extranjera.Córdoba no es ajena al fenómeno nacional. Entre enero y marzo últimos, se exportó por 1.533,1 millones de dólares, 0,3 por ciento menos que en igual lapso de 2014, según datos de la agencia ProCórdoba.En los empresarios locales no sólo pesa la suba de costos y un dólar subvaluado, sino también la logística hacia los puertos. El Centro de Despachantes de Aduana, filial Córdoba, recordó que llevar un contenedor al puerto de Buenos Aires demanda unos dos mil dólares, en tanto que el flete hasta Europa vale sólo 1.300 dólares.En el caso de las exportaciones de productos primarios, deben agregarse las trabas y las políticas poco transparentes de las autoridades nacionales, de cuya autorización depende la posibilidad de cumplir compromisos internacionales. La no entrega a tiempo genera no sólo descrédito, sino también sanciones económicas que deberán ser afrontadas por la empresa vendedora.Las trabas tampoco son menores a la hora de importar insumos clave para la producción y posterior exportación. El Gobierno nacional exige una declaración jurada anticipada de importación, además de una extensa y engorrosa justificación que entorpece y burocratiza al máximo un trámite que debería estar destinado a obtener lo necesario para elaborar un bien que luego será vendido al exterior.El largo proceso de deterioro que afronta el comercio exterior tiene múltiples causas, pero es desde el Estado de donde deben partir las acciones necesarias para corregir la situación. Estas repercutirán de modo favorable en el ingreso de divisas, las inversiones y la generación de una mano de obra calificada y bien remunerada.

