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Un iceberg de humo

Sólo acuerdos formales, de dudoso cumplimiento, evitaron que la cumbre sobre el cambio climático de Cancún no tuviese el mismo final registrado en Copenhague en 2009.

14 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Un iceberg de humo

¿Por qué cambiar, si el mundo avanza con una admirable pujanza? Es verdad que avanza hacia una catástrofe planetaria, pero lo importante es avanzar. ¿No vivimos, acaso, en una era en que la actividad de la comunidad humana se mide con el índice del producto interno bruto? Sigamos avanzando, entonces. Éste parece hacer sido el principio que primó en las deliberaciones de la cumbre sobre el cambio climático, cuyas sesiones, convocadas por las Naciones Unidas, concluyeron el sábado último en Cancún (México). La reunión anterior, realizada el año precedente en Copenhague, había terminado con un deprimente fracaso. Esta vez, las delegaciones de 194 países prometieron no repetir el festival de desencuentros de la cumbre celebrada en la capital danesa. Pero, como ya es ritual y a pesar de esa férrea voluntad, cuando las negociaciones se encaminaban al enésimo fracaso, a último momento se arribó a un acuerdo, que no fue unánime porque Bolivia ratificó su anunciada decisión de no suscribir compromiso alguno que no tuviese una base tan realista como la certidumbre de la fiel determinación de cumplir con lo que se prometiera.De modo que el Protocolo de Kioto, que data de 2005 y fue torpedeado desde el comienzo de su administración por el entonces presidente George W. Bush, sigue revistando en la realidad virtual. Lo único rescatable es el compromiso de establecer un fondo de 100 mil millones de dólares anuales ( Green Climate Fund ) para que los países subdesarrollados puedan adaptarse mejor al cambio climático y que, en cierta manera, Estados Unidos, China y la India sigan enfrentados, ahora con formas menos duras.Es obvio que se trata de promesas. La mayor de todas ellas es, por cierto, la de reducir, en el período comprendido entre 2011 y 2020, entre 25 y 40 por ciento las emisiones de gases contaminantes causantes del llamado "efecto invernadero". Quizá sea innecesario recordar que en 2005 se había acordado recortarlas a un promedio mundial de cinco por ciento entre 2008 y 2012, y que desde Kioto en adelante lo único que se obtuvo fue un indisimulable aumento de la contaminación, sobre todo por parte de China, India, Brasil, Rusia y Estados Unidos. La temperatura promedio es hoy dos grados más desde Kioto. En cuanto a la ayuda económica para los emergentes, también convenida hace años, nunca se cumplió. Prácticamente ninguna nación desarrollada pagó lo que había prometido. Y eso desde mucho antes de que estallara la "burbuja inmobiliaria" y se desencadenara la mayor crisis financiera mundial. Como nadie puede afirmar con certeza que esa catástrofe económica haya quedado definitivamente atrás, tampoco nadie puede afirmar de modo razonable que habrá dinero suficiente para el Fondo Verde. Seguiremos, pues, navegando en este Titanic que se dirige directamente contra un iceberg de humo.