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Tapar la inflación

Cada vez se necesita más papel moneda para los consumos y los pagos, ante la negativa del Gobierno nacional por reconocer la inflación e imprimir billetes de mayor denominación.

20 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
Tapar la inflación

La inflación genera nuevas pautas de consumo que demuestran cómo pierden poder de compra los billetes. Las últimas manifestaciones en ese sentido se vinculan con la caída en el primer semestre de este año en las ventas de primeras marcas en favor de productos más económicos –un fenómeno que no se registraba desde hacía 10 años– y el cierre de restaurantes en contraposición a una mayor proliferación de locales de comidas rápidas. Estos datos muestran que los ingresos de trabajadores y cuentapropistas pierden poder adquisitivo ante una inflación imparable. La suba generalizada de bienes y servicios en los últimos 12 meses ronda ya el 40 por ciento, según las mediciones de las consultoras privadas y de los sitios de compras por Internet. Es por ello que aumentaron las transacciones bancarias y el uso de cajeros automáticos para retirar los billetes que permitan afrontar esos gastos.En la Argentina, se retiran –en cada operación– unos 13 billetes en promedio de los cajeros automáticos, cuando en Estados Unidos sólo cinco o seis, en tanto el promedio mundial es de 4,5 billetes, según datos de empresas encargadas del transporte de caudales y de reposición en las máquinas mencionadas.Otra particularidad argentina es que nueve de cada 10 billetes extraídos corresponden al de mayor denominación –100 pesos–, por lo que cada operación ronda en promedio los 1.200 pesos. De cada 100 billetes que hoy circulan, 63 corresponden a los de mayor denominación, cuando 10 años atrás sólo 34 poseían el valor más alto.Aunque existen proyectos de la oposición para avanzar en la impresión de billetes de 200 y 500 pesos, el Gobierno nacional ha rechazado de modo sistemático esa solicitud. Al parecer, está convencido de que aceptarla equivaldría a reconocer que la suba de precios está muy por encima de los datos oficiales. Esto supondría, también, una tácita admisión de que los índices de pobreza y miseria están por arriba de las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos.Pero no imprimir billetes de mayor denominación sigue siendo una clara desventaja para los tenedores, que deben acudir con mayor frecuencia a un cajero automático o a un banco, con los riesgos que ello implica para su seguridad personal y su patrimonio.En forma paralela, la necesidad de transportar cada vez mayores cantidades de caudales encarece los costos del sistema financiero, los que son afrontados por clientes y ahorristas.La principal consecuencia de no admitir la inflación es la falta de puesta en marcha de un plan que contrarreste sus efectos. Y en ese caso la población puede jugar un rol decisivo para generar mayores ofertas y competencia. Lo contrario supone la existencia de una economía sin precios de referencia y tapada de billetes con escaso valor.