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Sí a la tolerancia; no a la soberbia

En la primera vuelta de las elecciones en la ciudad de Buenos Aires, una incuestionable mayoría puso un freno a las tendencias hegemónicas y autoritarias del Gobierno nacional.

14 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Sí a la tolerancia; no a la soberbia

La primera vuelta para elegir al jefe del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la que Mauricio Macri aventajó al candidato kirchnerista Daniel Filmus por casi 20 puntos porcentuales, no puede considerarse un anticipo de los próximos comicios, en especial los del 23 de octubre, cuando se votará para presidente y vice de la Nación. En Buenos Aires se sufragaba para elegir jefe de Gobierno y los miembros de la Legislatura y de las flamantes comunas barriales. Eran, si se quiere, comicios locales, que no tenían alcance nacional en cuanto a su territorialidad. Sin embargo, la elección porteña es considerada por excelencia la principal vitrina política, previa a los comicios presidenciales.Y si se tiene en cuenta el calendario electoral que se avecina –en particular en las provincias de Santa Fe, donde se vota el domingo 24 de julio próximo, y Córdoba, el 7 de agosto venidero–, lo sucedido el domingo pasado puede ser tomado como un indicio, ya que en ninguno de estos dos grandes distritos el kirchnerismo tiene mayoría. De todas maneras, hay que aguardar el resultado de la segunda vuelta en la ciudad porteña –prevista para el domingo 31– para tener conclusiones más firmes, aunque la abultada diferencia torna difícil que se invierta el lugar de ganadores y perdedores. Lo cierto es que se ha puesto un freno a las tendencias hegemónicas y autoritarias del Gobierno nacional. Hay que admitir que la Presidenta guardó un respetuoso silencio al respecto, no así el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien tuvo palabras despectivas para con el candidato triunfante en la primera vuelta y, en forma indirecta, para con quienes lo votaron. Mauricio Macri, a su vez, reclamó "bajar el nivel de agresión" y hacer esfuerzos por "la unidad nacional". Resultan atinados estos últimos conceptos, ya que el Gobierno nacional debe tener relaciones normales con su par de la ciudad de Buenos Aires y el resto de las provincias. Entre todos, deben garantizar el federalismo y la norma constitucional de la coparticipación federal de impuestos, cosa que no ha hecho el kirchnerismo en sus ocho años de gestión, durante los cuales el Estado central fue acaparando cada vez más poderes y facultades, usando y abusando de los recursos públicos con fines electorales o clientelares.No se pueden "nacionalizar" los resultados de los comicios porteños, pero no hay que olvidar que la ciudad de Buenos Aires, además de ser un distrito electoral clave, es la Capital Federal y la sede del Gobierno nacional. No está dicha la última palabra sobre el rumbo político, pero hay una cosa que es verdadera: la sociedad argentina quiere vivir en paz, tolerancia, libertad y justicia, y no acepta la prepotencia, el matonismo y la soberbia, sobre todo cuando vienen desde el mayor nivel del poder político.