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Relaciones complejas

A las puertas de un año electoral, las relaciones del gobierno de Cristina Fernández con los sindicatos se vuelven cada vez más difíciles, al igual que con el resto de los sectores sociales.

12 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Relaciones complejas

El Gobierno nacional cree contar con el apoyo incondicional de la nueva CGT "oficialista" y no son pocos los hechos y las palabras que avalan la suposición. En varias ocasiones, los dirigentes sindicales pertenecientes a esa agrupación declararon su identificación con el modelo "nacional y popular" que encabeza la presidenta Cristina Fernández. Desde que está en el poder, el kirchnerismo no se ha caracterizado por su ingenuidad, todo lo contrario. Así, la alianza con la nueva CGT tiene una marca de origen: la intención de reducir el poder del líder camionero Hugo Moyano y su influencia en el movimiento obrero argentino.Pero los hechos han demostrado que Moyano mantiene prácticamente intacta su influencia entre los trabajadores. La movilización que juntó a 40 mil personas, el miércoles en Plaza de Mayo, es una prueba fehaciente.Más allá de que en esa manifestación se denostó a la central obrera oficialista, es importante observar que en la reciente reunión entre la Presidenta y dirigentes de la flamante CGT se pusieron de manifiesto no sólo coincidencias, sino también discrepancias.La nueva agrupación sindical, liderada por el metalúrgico Antonio Caló, fue recibida en un clima de cordialidad, lo que no significa que la relación haya dejado de ser difícil, dada la magnitud de la crisis económica que afecta a todos los estamentos de la sociedad argentina. Como el principio básico es que los sindicatos se deben a sus representados, Caló fue muy claro cuando dijo que la reunión tenía como objetivo formalizar la relación entre el Poder Ejecutivo y el movimiento obrero. Insistió también en reclamos específicos, como el pago de la deuda que el Gobierno mantiene con las obras sociales sindicales, la suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias y un nuevo aumento salarial, pese a que hace poco la Nación acordó con los sindicatos un incremento del salario mínimo del orden del 25 por ciento. Todas esas exigencias fueron planteadas mucho antes por Moyano y por la CTA de Pablo Micheli, quienes ya anunciaron un paro general de 24 horas, a realizarse en noviembre. Es lógico que los dirigentes de la nueva CGT no quieran quedar relegados en la defensa de estas reivindicaciones y, por mero instinto de supervivencia, deban maniobrar entre la "incondicionalidad" al modelo K y la "incondicionalidad" a sus representados.Se abre así un escenario complejo debido al incontenible proceso inflacionario y a la cada vez más profunda división ideológica que vive el país. A ese contexto hay que sumarle la circunstancia de que se avecina un año electoral.En medio de este panorama turbulento, más que nunca se imponen el diálogo, la negociación y las decisiones consensuadas, porque el deber de un Gobierno no se reduce a computar lealtades o deslealtades, sino a resolver las necesidades concretas de todos los argentinos.