Quien se equivoca, paga
Los ajustes económicos dejan en Europa otro ajuste tanto o más importante que el que se siente en los bolsillos: las facturas que los pueblos presentan a sus mandatarios corruptos.
Alemania no sólo ha asumido la responsabilidad de sanear la Unión Europea, sino también de dar señales inequívocas de su voluntad de sanear la política. La renuncia del presidente Christian Wulff lo ha demostrado. La dimisión fue exigida por la opinión pública por algunas incorrecciones cometidas por el mandatario dimitente, entre ellas la de obtener de una amiga un préstamo de 500 mil euros a una tasa inferior a las vigentes en el sistema bancario germano, además de otros excesos de privilegios basados sobre el rango que ostentaba.Un préstamo por medio millón de euros y algunas actitudes no compatibles con la austeridad republicana no provocaría escándalo en las precarias democracias de varios países latinoamericanos, donde los sobornos rara vez tienen valores inferiores a siete cifras en dólares o euros. Y con el beneficio adicional de que no son operaciones de créditos sino de pago al contado.Lo que causó estupor e indignación en la ciudadanía alemana fue la intempestiva actitud de Wulff, que telefoneó a Kai Diekmann, director del diario Bild (el tabloide de mayor difusión en Alemania), para ordenarle que se abstuviese de informar sobre el ventajoso préstamo obtenido. Actitud cada vez más frecuente en las relaciones poder político-periodismo en Latinoamérica.La democracia europea está afrontando una crisis ética de inusitada intensidad. En Italia, Silvio Berlusconi puso vergonzoso final a casi 12 años de hegemonía y debió abandonar el palacio Chigi, la residencia oficial del primer ministro, donde dejó como huella de su paso un ambiente de corrupciones económicas y sexuales. Y ahora, sin la inmunidad del cargo perdido, lo espera un largo peregrinar por los tribunales italianos.En España, los ex presidentes de algunas autonomías afrontan procesos por turbios manejos del erario. En Francia, el ex presidente Jacques Chirac fue condenado en diciembre último a dos años de prisión en suspenso por desvío de fondos públicos, abuso de confianza y adquisición ilícita de intereses en la creación de 28 empleos ficticios mientras fue alcalde de París. Es la primera vez que un ex mandatario galo es condenado.Grecia, el país más hundido en la actual crisis económica, conocía desde hacía años que se falseaban los presupuestos, pero el pueblo votaba a sus dirigentes corruptos porque les brindaban un nivel de vida impagable con su reducido producto interno bruto. Tarde o temprano sonaría la hora de la verdad. El reloj de durísimos ajustes comenzó a sonar en 2009 y suena cada vez con mayor estruendo.Dentro y fuera de Europa, hay países que se creen blindados contra las crisis económicas y morales. Sus dirigencias chapalean en el lodo y las consideran meros efectos de ingenuidad y falta de viveza y de sentido de la impunidad. Olvidan o ignoran una vieja lección alemana: "La experiencia propia llega tarde y es más cara".

