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Pacificar los espíritus

El tradicional ruego por la paz tiene hoy una connotación especial, por los últimos sucesos. Es una obligación de toda la sociedad, pero la mayor responsabilidad recae en el Gobierno nacional.

24 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Pacificar los espíritus

Las buenas costumbres incluyen, para estas fechas, los tradicionales saludos navideños y de Fin de Año, así como la expresión de deseos de atravesar con felicidad y ventura personal un mejor 2013. Esta tradición no debería dejar de lado hoy una reflexión sobre su contenido, en función de las duras experiencias vividas en los últimos meses. La sociedad debe comprometerse para que existan pan, paz y trabajo, como lo expresa la mayoría de los saludos y envíos por estas horas. Pero no son objetivos fáciles de alcanzar para los argentinos. En esa tarea, existe una mayor responsabilidad por parte del Gobierno nacional.Es cierto que no puede haber pan si no hay trabajo, y sin ambos elementos no puede existir paz en nuestra vida en sociedad. La gestión de la presidenta Cristina Fernández, exaltada hasta lo inimaginable, ha señalado que este es un gobierno que apunta al desarrollo económico con inclusión social. Y se vanagloria de haberlo logrado en casi una década de gestión.Hubo, sí, importantes progresos en relación con los indicadores de 2001-2002 en cuanto a la generación de empleo y el combate a la pobreza. Pero los objetivos no están logrados. Para nada.La desocupación se incrementó en el último año, pese al modesto reconocimiento del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec); la pobreza aumentó por una inflación que carcome con rapidez las mejoras que se logran en paritarias; reapareció el trabajo informal y se amplió la marginalidad en casi un millón de jóvenes que ni trabaja ni estudia. Todas estas son señales de alerta que el Gobierno nacional debe leer de forma adecuada.Si los datos objetivos de la realidad social y económica son complicados, en nada ayudan para tranquilizar a esos espíritus las palabras agresivas que cada semana plantean una batalla nueva. Eso es lo que traducen los mensajes desde el atril presidencial. Siempre hay un enemigo nuevo que denostar, combatir y humillar.Esa consigna se repite hasta el hartazgo en los medios oficiales de comunicación del Estado, a los que se suman los medios paraoficiales, captados por una abultada pauta publicitaria.Los partidos políticos y gremios opositores también tienen su cuota de responsabilidad en formular claras propuestas alternativas, que vayan más allá de los reclamos bien abonados desde el  marketing , pero de efímera vida social.Es momento de pacificar los espíritus, realizar las necesarias autocríticas y trabajar por las mejores soluciones para derrotar el hambre y la marginalidad en la Argentina, con un justo castigo a la delincuencia, que parece haber arrebatado las calles a las fuerzas de seguridad.Es tiempo de trabajar para que haya paz entre todos los actores, pan para los hambrientos y trabajo para los hombres de buena voluntad que habitan el suelo argentino.