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Números necesarios

En resumen, que lo excepcional ha sustituido a lo normal, al punto que debemos celebrarlo. O premiarlo. Pero lo del Indec es cosa demasiado seria como para minimizarlo.

18 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Números necesarios

El retorno a la escena del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) esta semana –y la constatación esta vez oficial de que la inflación existe y es demasiado elevada– sólo puede ser noticia en la Argentina, país donde tres policías que rechazaron un soborno en General Rodríguez son ascendidos por su honestidad. En resumen, que lo excepcional ha sustituido a lo normal, al punto que debemos celebrarlo. O premiarlo. Pero lo del Indec es cosa demasiado seria como para minimizarlo.Durante buena parte de la "década ganada", el país careció de estadísticas confiables en todos los órdenes. Sin dudas, un desmadre que sólo acaba de exhibir su gravedad cuando se considera que, sin datos ciertos, es imposible estimar niveles de crecimiento, mensurar la evolución y las carencias del mundo laboral, las deficiencias sanitarias, la acuciante y vergonzosa cuestión de la pobreza, los niveles de la educación y un etcétera interminable.Que alguien, en su megalómana temeridad –para llamarla de algún modo–, haya pensado que se podía manipular la realidad al punto de enmascarar en cifras falseadas las consecuencias tangibles de un modelo tan declamado como ineficiente y corrupto amerita más de una reflexión.Por un lado, el costado grosero y payasesco de una funambulesca corte de los milagros que ni la fértil imaginación de Víctor Hugo o Gabriel García Márquez vislumbraron y, al mismo tiempo, el alto costo de haber degradado la política al punto de suponer que se trataba de una labor apta para ganapanes variados. Guillermo Moreno y un séquito de obsecuentes facilitadores pueden atestiguarlo. Pero hay más.En esa suerte de teoría y práctica del ocultamiento como sistema radica buena parte de una mala conciencia que, lejos de ser excepcional, parece formar parte de las costumbres de un vasto sector de la sociedad argentina, capaz de tolerar lo que sabe inicuo siempre y cuando obtenga algún resultado. Ese es un lujo intolerable que ya no podemos seguir permitiéndonos.En ese marco, no deja de sorprender que Moreno y quienes lo acompañaron, sospechados de fraude, no estén sometidos aún al escrutinio de la Justicia, por la sencilla razón de que nadie en el futuro debería acometer empresas del tenor de la manipulación estadística. De lo contrario, a caballo de la impunidad, otros lo intentarán.Pero el regreso de un Indec confiable debería, además, llevarnos a recordar el aserto de Chesterton: "Las estadísticas sirven para que, si mi vecino tiene dos automóviles y yo ninguno, ambos tengamos uno".En otras palabras, los números deberían empujarnos esta vez a la subsecuente transformación de la realidad. O no habrán de servir de nada.