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Moyano, Jaime, Falo, malos ejemplos

Los actos sospechados de corrupción no son inventos de campañas mediáticas sino hechos reales, objetivos, que deben ser investigados y clarificados con rapidez por la Justicia.

23 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Moyano, Jaime, Falo, malos ejemplos

La ola de corrupción y enriquecimiento ilícito avanza cada vez con más fuerza. Ex funcionarios, legisladores y dirigentes sindicales están en la picota, aunque en la mayoría de los casos las investigaciones judiciales marchan sin resultados apreciables. Los jueces suelen decir que los tiempos de la Justicia no son los mismos que los del periodismo o de la política; es cierto, pero también lo es que la sociedad requiere respuestas perentorias, ya que no se puede vivir en un estado permanente de sospecha o de sin condena si sus autores son culpables de los delitos que les imputan.Si bien es verdad que hay una "corrupción estructural", es decir que está metida y enraizada en las entrañas más profundas del Estado y las corporaciones económicas y sindicales –en suma, en la actitud moral de una sociedad–, es preciso no bajar la guardia, no llamarse a silencio, no rendirse frente a los corruptos y los delincuentes de guante blanco, que de pronto se convierten en violentos y hasta en asesinos.La democracia y el sistema republicano tienen todos los instrumentos necesarios para denunciar y combatir la corrupción, que es un fenómeno íntimamente asociado al abuso de poder, al autoritarismo, a la violencia política y sindical, a la violación de los derechos y garantías individuales, al patoterismo y hasta al crimen.Algunos de los acusados como supuestos corruptos se defienden aduciendo que son víctimas de campañas mediáticas, justamente en un momento en que el Gobierno nacional está armando uno de los más formidables grupos de medios de difusión de que se tenga memoria, que incluye canales de aire y radios abiertas y el uso discrecional de la "cadena nacional de radiodifusión", además de los aprietes contra Papel Prensa y la distribución arbitraria de la publicidad oficial.Hugo Moyano, titular de la CGT y uno de los personajes más influyentes en el entorno presidencial, está siendo investigado por irregularidades en el comercio ilegal de medicamentos y en el cobro indebido de subsidios en la obra social del gremio de los camioneros, en una causa muy similar a aquella por la cual otro jerarca sindical –el bancario Juan José Zanola– está en prisión preventiva desde hace varios meses.Ricardo Jaime, ex secretario de Transporte de la Nación y hombre fuerte del kirchnerismo, acumula ahora una nueva causa: negociados en la compra de material ferroviario en el exterior.Marcelo Falo, quien fuera una primera figura en la última gestión de José Manuel de la Sota, renunció a su banca de diputado provincial después de haber librado 71 cheques sin fondos por casi dos millones de pesos, en una maniobra aún confusa y no debidamente clarificada.Y así de continuo, sin que en esto tenga que ver con campaña mediática alguna, pero sí con la necesidad de que la Justicia actúe pronto y esclarezca los hechos denunciados.