Los argentinos y el dólar
Real y palpable, el dólar paralelo resiste allí, enraizado en el imaginario de los argentinos como lo único que sobrevive a gobiernos, ministros de Economía y modelos fracasados.
"La historia siempre se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa". La frase atribuida a Carlos Marx podría aplicarse al presente argentino, donde cualquier ciudadano de más de 60 años podría sentir un justificado deja vu : esa lamentable tendencia a la repetición, lo que en estos días caracteriza a la siempre conflictiva relación de los argentinos con el dólar. Las frases de Aníbal Fernández primero y Jorge Capitanich después ilustran claramente la necesidad de no hablar de lo que se teme. "Hablar del dólar blue es como publicar la cotización de la cocaína", alegó el primero; para ser superado por el segundo cuando vinculó al lavado de dinero con las operaciones del mercado paralelo.Curiosamente, un par de días después, Capitanich ha tenido que hablar otra vez, pero del dólar oficial, al cual su Gobierno debió dejar escapar de su valor ficticio para que se acerque... al blue . Si no, el Banco Central corría el riesgo de quedarse sin reservas monetarias.Esta vez, Capitanich negó que el Gobierno tenga algo que ver con la devaluación del dólar oficial. "Es el mercado", dijo el máximo funcionario de la Presidenta, que no hace mucho decía que no devaluaría, como si eso pudiera depender enteramente de su voluntad.Real y palpable, el dólar paralelo resiste allí, enraizado en el imaginario de los argentinos como lo único que aguanta a los gobiernos, los ministros de Economía y los modelos fracasados.Y no se trata de que millones de conciudadanos padezcan tal grado de alienación como para engrosar el negocio de tanto arbolito, más allá del espectáculo penoso y no tan lejano de asalariados de escaso poder adquisitivo haciendo cola para adquirir unos billetes verdes. Se trata de simples matemáticas. Porque si la masa monetaria asciende a unos 370 mil millones de pesos y las reservas del Central cruzaron la barrera de los 30 mil millones, una simple división da un dólar a unos 12 pesos.Tal vez el jefe de Gabinete, de formación económica, encuentre en sus diarias conversaciones con la prensa una fórmula mejor.Pero los actores diarios de la economía suelen apelar a conceptos de franciscana sencillez. Industriales y comerciantes tienen la extraña costumbre de fijar sus costos a partir de las señales que envía el mercado cambiario, costumbre que el jefe de Gabinete podría lamentar en un nuevo encuentro con la prensa.Pero ello no impedirá que quienes no estudiaron economía consideren el más simple de los datos: si el Banco Central no tiene dólares suficientes, entonces el dólar vale lo que el mercado dice. Y la economía le hace coro al mercado.Es cruel e inexorable y, para rematar con otra cita, vale recordar a Leopoldo Lugones, quien ironizaba: " Yo sé que dos más dos es cuatro, pero me da una bronca...". Parece que de eso se trata.

