La seguridad en los boliches
Tanto los propietarios de esos espacios de diversión como las autoridades municipales no pueden desentenderse de las normas para evitar nuevos hechos desgraciados.
La muerte del joven Juan Felipe Briski Portela en las inmediaciones de la Laguna Azul, en la ciudad de La Calera, ha puesto otra vez en el centro del debate aspectos cruciales que tienen que ver, por un lado, con la habilitación legal de los boliches nocturnos y, por otro, con las rigurosas medidas de seguridad que deben respetar estos locales. Tanto las autoridades municipales como los propietarios de los boliches no están exentos de estas responsabilidades; se trata, nada menos, que de actuar con medidas de prevención serias y claras que garanticen la seguridad de los miles de jóvenes que concurren a estos espacios en busca de diversión.La tragedia del boliche República de Cromañón, en diciembre de 2004, que dejó 194 víctimas fatales en la ciudad de Buenos Aires, ha quedado marcada a fuego en la nómina de este tipo de siniestros; a tal punto ese episodio mantiene viva la memoria que se lo relacionó con el incendio ocurrido el mes pasado en una discoteca en la ciudad brasileña de Santa María, con un saldo provisional de 236 muertos.La prevención y las instalaciones adecuadas para eventos de gran concentración de personas son factores que las autoridades deben cuidar hasta el último detalle.Consultado sobre la muerte de Briski Portela, el titular del área de Inspección a Comercios de La Calera, Franco Díaz, dijo algo para nada novedoso: mencionó como requisitos para habilitar boliches el certificado de Bomberos y la obligación de contar en el local con un plan de evacuación, salidas de emergencia y matafuegos.Hay que enfatizar, sin embargo, un dato de relevancia que muchas veces se pasa por alto: la seguridad debe preverse no sólo dentro del local, sino también en los espacios exteriores. Este elemento puede tener relación con las características del predio colindante con el boliche de donde salió el joven Briski Portela. Se trata de un terreno algo escarpado y de difícil tránsito peatonal, más aún en horas de la noche. Un detalle que debería ser atendido por las autoridades y propietarios del negocio a fin de encarar las reformas y correcciones que se consideren necesarias.Son iniciativas que no se pueden soslayar, pese a que las autoridades de la Municipalidad de La Calera insistieron con que existe un vallado que impide el acceso de los clientes del boliche a la Laguna Azul.Es indispensable que las exigencias legales vayan acompañadas de conductas personales. Una tarea que, además, debe involucrar a los propios ciudadanos que concurren a esos lugares de esparcimiento. Es cierto que cada espacio bailable tiene sus características, pero si no se contemplan las medidas mínimas de prevención y no se asumen los riesgos de manera personal, nadie estará a salvo de que se repitan los hechos desgraciados que siguen vivos en la memoria.

