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La primera revolución biológica

Con el desarrollo de la primera célula artificial, se inicia la primera revolución biológica del siglo 21.

01 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
La primera revolución biológica

El 21 de mayo de 2010 se incorporará a la cronología de las revoluciones biológicas del siglo 21. Es que ese día, la célebre revista Science publicó el esperado informe, en el que Craig Venter y Hamilton Smith describían el proceso de desarrollo de la primera célula sintética cuyo ADN natural fue sustituido por un ADN producido mediante equipos de computación.

Venter y Smith fueron los primeros que elaboraron el mapa del genoma humano, llamado a ser la piedra basal de una revolución en las ciencias aplicadas a la salud humana. En el caso de la célula artificial, su ámbito de acción será mucho más amplio, porque podrá ser utilizada desde las industrias químicas y de alimentación hasta la ecología, pasando por una infinidad de aplicaciones destinadas a mejorar no sólo la calidad de vida, sino también a prolongarla.

Desde luego, es apenas un primer paso, equivalente al que en la exploración del espacio dio Neil Armstrong el 20 de julio de 1969 en la Luna, cuando dijo: "Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad".

A su manera, también lo es esta célula artificial, si se considera que su ADN sólo cuenta con un millón de "letras", mientras que el ADN humano supera los 3.500 millones. Esa brecha será cubierta más temprano que tarde, pero no en años relativamente cercanos.

Mientras tanto, se ha reencendido el insoslayable debate ético, ya disparado con las primeras clonaciones e intensificado al completarse el mapa del genoma humano, en torno a si el hombre se superará a sí mismo y no sucumbirá a la tentación de utilizar las revoluciones biológicas para expandir los arsenales con armas cuyo poder de aniquilación dejaría a las actuales bombas de hidrógeno y armas biológicas en un remoto segundo plano.

Peor aún: las arcaicas narraciones de ciencia ficción, en las cuales el estereotipo del sabio loco creaba en sus laboratorios millones de seres subhumanos para conquistar el mundo (ya se sabe, la vieja y ominosa alternativa entre "millones de Einstein" o "millones de Hitler, Stalin o Mao"), podrían instalarse fatalmente algún día en la historia de la humanidad. Y sería probablemente en su último. capítulo.

Por ahora, la invención de Venter y Smith se halla en una etapa más teórica que práctica, pero los artefactos nucleares y los medicamentos y prótesis biológicas cada vez más portentosos también pasaron por fases similares antes de su realización. Lo que importa en este caso es el aspecto ético. La clásica disyuntiva de si lo que es científicamente posible será éticamente justo.

En teoría, el hombre tiene potestad para autolimitarse. En forma desdichada, la historia del mundo demuestra, sin embargo, que no siempre la ejerce, porque siempre divisará ante sí una frontera que intentará cruzar una y otra vez en busca de una verdad final inasible.