La Nación debe reaccionar
La Presidenta debe dejar de lado falsos antagonismos para asumir los cambios necesarios en la política económica, que ha provocado una parálisis del aparato productivo y un aumento del desempleo.
La preocupación de los argentinos por la cotización del dólar estadounidense –moneda de ahorro en los últimos 50 años– es apenas un indicio de la profunda crisis económica y social en que se ha sumergido la Argentina. Las especulaciones sobre una inminente devaluación para corregir el desfase de la cotización oficial con una suba de precios provocaron una parálisis en las actividades y en la inversión, con su consiguiente impacto negativo en el empleo.Las consultoras privadas registran una baja de entre tres y cinco por ciento en la actividad fabril en los ocho primeros meses del año, con un retroceso mayor en las industrias siderúrgica, automotriz y metalmecánica.Las ventas en los comercios minoristas se sumergieron en agosto en el nivel más bajo de los últimos cinco años y la inversión no se recupera por la falta de credibilidad en la economía.La Iglesia Católica argentina, así como organismos oficiales y de la sociedad civil, recibe todos los días nuevos pedidos de ayuda social.Es necesario que el Gobierno nacional reaccione ante esta delicada coyuntura para evitar futuros desbordes sociales y un crac que complique aún más la actividad del sector privado, que es el principal sostén del Estado.La presidenta Cristina Fernández debe implementar las medidas que se reclaman para dejar atrás esta debacle que, de acuerdo a mediciones privadas, se prolonga ya por un año.Para ello, es importante que deje de lado los falsos triunfalismos que, día tras día, se empeñan en presentar sus voceros y allegados. También resulta imperioso superar los antagonismos planteados en sus discursos, como el de "patria o buitres", que no contribuyen a aglutinar a las fuerzas sociales y productivas de la Argentina.Por el contrario, ese antagonismo y los innecesarios ataques a las autoridades de Estados Unidos y Alemania, entre otros malos ejemplos, profundizan el aislamiento externo del país en momentos en que se necesitan recursos y créditos para afrontar la construcción de una infraestructura básica y el pago de la deuda pública.Los cuestionamientos oficiales incluyeron, asimismo, mensajes desubicados sobre el manejo de la geopolítica global, cuando el país requiere del apoyo internacional para dejar atrás el default temporario y de millonarias inversiones para la explotación de cuantiosos recursos minerales y de petróleo y gas no convencionales.Además de un cambio en la actitud del Gobierno respecto de opositores y referentes internacionales, es imprescindible la puesta en marcha de un plan antiinflacionario creíble, que tienda a corregir en un programa plurianual el elemento más perverso para la destrucción de una sociedad y de la organización económica.Esa es la tarea que la hora demanda a la Presidenta, a la cual debe responder con la altura que exige su mandato constitucional.

