La cacería de divisas
Las recientes medidas económicas tienen el denominador común de brindar al Gobierno nacional las divisas necesarias para atender las exigencias del sector externo de nuestra economía.
La extremada fragilidad del sector industrial argentino se revela por la tendencia a disponer medidas proteccionistas. Porque resulta imposible para la economía nacional producir con fuerza competitiva lo suficiente para equilibrar sus déficit de intercambio. De ellos, el más importante es Brasil y lo más preocupante para el Gobierno es el resultado anual de esa relación, invariablemente favorable al país vecino. Así, el ejercicio de 2011 cerró con un superávit de 5.803 millones de dólares en favor de Brasilia.
Como este será un año duro para el sector externo de nuestra economía, donde a la crisis internacional deben agregarse las amortizaciones de la deuda externa, es natural que se produzcan medidas destinadas a lograr una administración racional de las divisas, porque los montos de las operaciones y amortizaciones están mayoritariamente expresados en dólares y euros.
De ahí la necesidad de reformar, por ejemplo, la carta orgánica del Banco Central para facilitar la disponibilidad por el Poder Ejecutivo de sus reservas en monedas duras, los fuertes controles sobre las compras de mercancías de origen externo (hasta medicamentos fundamentales para la supervivencia de enfermos de alto riesgo han quedado retenidos ya por barreras aduaneras), el restablecimiento de enormes subsidios para reactivar el consumo interno o el manejo arbitrario del sistema de licencias anticipadas de importación: desde abril, se exigirá una declaración jurada a las empresas que importen servicios por montos superiores a 100 mil dólares anuales o realicen pagos mensuales de 10 mil dólares.
Cuando una medida unilateral afecta los intereses de la contraparte, es inevitable prepararse para réplicas más directas que las protestas de estilo. El Gobierno brasileño ya reclamó por nuevos decisionismos y es probable que avance hacia medidas más restrictivas del ingreso de productos argentinos en sus mercados.
Esto sucedió infinidad de veces, sobre todo a partir de la creación del Mercosur, que, paradójicamente, debía ser un paso decisivo hacia el libre comercio regional. Uruguay y Paraguay, los otros integrantes de ese espacio económico, también han expuesto sus protestas.
Las exiguas cifras proteccionistas dan una patética imagen de la contracción de la economía argentina. Las medidas tienen el denominador común de evitar la salida de divisas necesarias para atender requerimientos del sector externo, sin recurrir a emisiones inflacionarias para adquirir divisas en el mercado monetario.
Se puede seguir extrayendo recursos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), Lotería Nacional y otras fuentes, a cambio de bonos que, a su vencimiento, son redimidos por nuevos papeles, a plazos más extensos y con rendimientos superiores a los vencidos. La vieja técnica de “patear la pelota hacia adelante”, que no puede ser de aplicación indefinida.

