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La bonanza no es para siempre

El llamado de Sarkozy para combatir la especulación en el mercado de los alimentos debería implicar para la Argentina acordar una política agroindustrial entre el Gobierno y el campo.

15 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
La bonanza no es para siempre

El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, presentó recientemente una agenda de prioridades en el marco del Grupo de los 20 (G-20) países de mayor desarrollo económico y emergentes, del que forma parte la Argentina. Uno de sus ítems más importantes fue su convocatoria a contener el incesante aumento de los precios de las materias primas para la industria de la alimentación. "¿Cómo podemos explicar –dijo– que queremos regular los mercados financieros y no el mercado de productos básicos?", un problema que tiene un elevado potencial de conflictividad social en los países con menores rentas, porque los condena a mayores pobreza y hambre, y que explica en buena medida las triunfantes reacciones populares en Túnez y Egipto. Recordaba Sarkozy que, en 2008, el explosivo aumento de las commodities (materias primas) alimentarias desencadenó estallidos sociales en numerosos países. "Si no se toman medidas –advirtió–, se corre el riesgo de que vuelvan los disturbios en los países pobres, lo que tendría efectos desfavorables para el crecimiento global. El día que haya revueltas, ¿qué país del G-20 dirá que no le preocupan? Yo creo que ninguno", subrayó el mandatario galo.La preocupación es apoyada por un análisis difundido por la FAO, basado sobre la media ponderada de los precios de exportación de carne, productos lácteos, cereales, aceites, grasas y azúcar, que ha superado ya los valores en las últimas semanas del verano boreal de 2008. Según organismos internacionales y ONG especializadas en análisis macroeconómicos, no hay explicación razonable y convincente para los incrementos registrados en menos de un año, atribuibles a una brutal especulación: el trigo subió más de 80 por ciento; el maíz, 83 por ciento desde junio último; y el azúcar ronda los 30 dólares por libra, frente a los escasos 15 que costaba en junio de 2008, en plena crisis alimentaria.El movimiento impulsado por Sarkozy debía llegar, porque la crisis financiera internacional que estalló en 2008 obliga a los países que carecen de esas materias primas a ajustar al máximo sus previsiones de importaciones, para evitar que se reproduzcan las violencias sociales de hace poco más de dos años. También deberían hacer una revisión realista de sus proyecciones los países exportadores, sobre todo el nuestro, donde el Gobierno y los productores, por una vez, parecieran estar de acuerdo, pero de acuerdo en el error: creer que la bonanza se prolongará indefinidamente. De ahí el monumental desmadre del gasto público en la Argentina y la reencendida lucha que ambas partes libran por la distribución del ingreso. Antes de calcular cómo repartir el flujo de divisas extranjeras, sería más prudente elaborar una verdadera política agroindustrial, que hasta ahora solamente existe en discursos triunfalistas y en reclamos dramáticos.