Hacia un país de suma cero
La economía nacional se desliza peligrosamente hacia una neutralización del ingreso de divisas del comercio exterior por la incesante fuga de capitales, fórmula clásica del estancamiento.
Fiel a su estilo, el actual Gobierno nacional sólo ve el vaso medio lleno. Lo vacío no le interesa, nunca es cuantificado en sus optimistas partes de victorias macroeconómicas. En las últimas semanas, desde la Presidenta hasta voceros oficiosos pero bien rentados calculan los miles de millones de dólares que ingresarán cuando se complete la exportación del poroto y del aceite de soja, la oleaginosa más rentable. Cifras importantes, naturalmente. Pero se silencia el flujo de divisas que emigran por la incertidumbre y desconfianza que genera la pulsión gubernamental a la incautación de activos privados u oficiales. Un expolio que la política nacional aplica sin solución de continuidad desde hace casi tres décadas. Comenzó con el desagio del plan Austral, el ahorro forzoso y la incautación de depósitos a plazo fijo en dólares, todo durante el gobierno de Raúl Alfonsín; siguió con el plan Bonex de Carlos Menem; el "corralito" de Fernando de la Rúa; el "corralón" y la devaluación asimétrica de Eduardo Duhalde; la gigantesca incautación de los fondos de las ex administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones ejecutada por Néstor Kirchner, quien con su esposa Cristina Fernández llevaron también al paroxismo la invención de Juan Domingo Perón de tomar fondos de las cajas de jubilaciones a cambio de "vales" renovables y con rendimientos mínimos. Es nuestro estilo. Contamos lo que ingresa, pero no lo que egresa, sea por descontrol en el gasto público, sea por contrabando o fugas de capitales. En lo que va del año, por caso, la fuga de capitales giró en torno de 1.200 millones de dólares mensuales en el primer trimestre; en abril habría trepado a 1.400 millones y en mayo habría superado los 2.200 millones de dólares. Desde 2007 hasta diciembre de 2010, superó los 57 mil millones de dólares. En cierto modo, la Argentina se está transformando en una especie de sociedad de "suma cero". Pero ésta no funciona en materia de reservas de divisas, porque mientras el Gobierno argentino atesora unos 52 mil millones de dólares, los connacionales guardan en el exterior 175 mil millones, casi exactamente la deuda pública del Estado nacional. No hay genuina capitalización ni ahorro interno aplicable a genuinos programas de desarrollo ni, menos aún, inversiones extranjeras directas atraídas por las enormes potencialidades socioeconómicas del país. El crecimiento "a tasas chinas" es apenas algo más que un buen recuerdo. También se marchó al pasado el famoso fenómeno de los "superávit gemelos", justificado orgullo del kirchnerismo en sus primeros años de gobierno. Si aciertan las encuestas y la presidenta Cristina Fernández es reelegida, le tocará en suerte la desagradable tarea de administrar la crisis que el Gobierno está creando con triunfalismo y evasión de la realidad.

