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Fatalidad e incapacidad

Es difícil aceptar que la deplorable infraestructura de generación energética en Córdoba sea también obra de la fatalidad, a menos que la fatalidad sea causada por la incapacidad.

27 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
Fatalidad e incapacidad

Altos funcionarios de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec) atribuyeron la electrocución de dos jóvenes, en esta capital, el lunes último, a la "obra de la fatalidad". La explicación oficial seudotécnica, mediante un comunicado distribuido al día siguiente, sostuvo que la caída de los cables que causaron la tragedia, "ocurrió por un factor climático". Al parecer, el clima es un problema insoluble para Epec. En invierno aconseja abstenerse del uso de equipos de calefacción y en verano de equipos de aire acondicionado, porque crean una sobredemanda que colapsa el sistema. Para los bien remunerados miembros del Directorio de la empresa, lo ideal sería que Córdoba tuviese un régimen climático similar al de las Islas Canarias, por ejemplo, donde la media anual oscila entre los 22 y 25 grados. Superada esa media, el bienestar y hasta la vida de los cordobeses quedan condicionados por la fatalidad. Si la fatalidad tiene una experta asistente, es la incapacidad. Los cordobeses bien lo saben. Padecen la única y verdadera fatalidad. Epec es desde hace décadas una especie de equivalente del sistema ferroviario nacional: es cada vez más costosa y más ineficiente. No debe existir provincia cuyos bienestar y productividad dependan en tal grado del clima. Se afirma que se realizan tareas de mantenimiento del cableado, y es posible que sea cierto. Tan cierto como que bastan ráfagas de viento de 20 kilómetros por ahora para tender en las calles un laberinto de cables caídos donde no es infrecuente que se pierdan vidas. ¿El cableado tendido hace un cuarto de siglo está en condiciones de responder a las exigencias del cambio climático? ¿La infraestructura de generación está en condiciones de atender las exigencias del crecimiento demográfico y del progreso de la tecnología ambiental? ¿Es obra de la fatalidad que las estadísticas de accidentes mortales sean en realidad la rendición de cuentas de una inconcebible ausencia de política de Estado? Por cierto, se desempolvarán espesos documentos de planificación proselitista, que la realidad transforma en rendiciones de cuentas de la improvisación y el olvido. Que salgan de servicio más de 90 puntos de la red de distribución refuta todo cuanto pueda argüir la conducción de la empresa para explicar los crónicos cortes y las muertes reiteradas.El Gobierno provincial no es ajeno a este colapso energético. Las inversiones en el Estadio Mario Kempes, la destrucción de la Casa de las Tejas, la costosísima construcción de un complejo administrativo en tiempo récord, e infinidad de gastos suntuarios en el centro de la capital, con un fin electoralista indisimulable, son algo peor que testimonios de un manejo discrecional e irracional del gasto público: revelan una carencia de sentido de las prioridades en la solución de problemas urbanísticos que se agravan de año en año. Por obra de la fatalidad, claro.