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El Estado no puede ser rehén

Una sociedad libre no puede permitir que los intereses sectoriales, a veces mafiosos, pretendan condicionar a un Estado que debe fundarse en el respeto a la voluntad popular.

15 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
El Estado no puede ser rehén

Al reiterar en dos oportunidades en los últimos días la posición que viene sosteniendo desde hace semanas, la Presidenta volvió a pedir a los gremios moderación en sus reclamos de aumentos salariales y en otras peticiones, como la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias. Cristina Fernández ya había hecho sendos llamados similares a los industriales y productores agropecuarios para hacer todo lo posible por frenar la conflictividad social. Una cuestión similar se plantea en la provincia de Córdoba, donde los conflictos se suceden tanto en el sector público –hospitales, Epec, Municipalidad de la ciudad capital– como en el ámbito privado, en el que son frecuentes los paros sorpresivos de los choferes de corta, media o larga distancia, y en otras actividades.En todos los casos, se ven afectados servicios esenciales, o sea que quien resulta perjudicada en última instancia es la inmensa mayoría de la población, que debe quedar de a pie por falta de transporte urbano o interurbano, o padece la nula atención debido a interminables asambleas en los hospitales, centros de salud y en la administración pública en todas sus jurisdicciones. También debe soportar periódicamente la escasez de naftas, máxime en feriados o domingos. Se ha llegado al extremo de que el secretario general del Sindicato de Camioneros, Pablo Moyano, hijo del titular de la CGT, Hugo Moyano, haya amenazado con "paralizar todo el país" bloqueando las estaciones de servicio si las empresas petroleras no les concedían los aumentos salariales solicitados por el gremio. En Córdoba, los sindicatos de municipales (Suoem) y de Epec (Luz y Fuerza) han vuelto a la carga por reclamos no ya salariales sino para incrementar los planteles de ambos organismos públicos. Y actúan como si fueran ellos los dueños de instituciones y empresas, que en realidad son del Estado y, por ende, de toda la comunidad.En este punto es preciso ser claros: el Estado no puede resignar atribuciones que son indelegables y aparecer como rehén de sindicatos que, por poderosos o numerosos que sean, no deben exceder los límites de una acción estrictamente sindical y pretender convertirse en los verdaderos administradores o propietarios de bienes, instituciones y empresas estatales. Además, se ha llegado al extremo de solicitar que el único personal que ingrese a Epec sea el que está registrado en la lista elaborada por Luz y Fuerza; de tal forma, sólo los hijos y parientes de los empleados tienen prioridad para acceder a cargos en esa empresa pública. Esa conquista, otorgada en otro contexto político y laboral, sigue siendo un golpe bajo a los trabajadores que puedan exhibir destacados antecedentes técnicos y profesionales, pero que son derrotados en su acceso a la empresa por el histórico clientelismo político y gremial.