El Estado no nos cuida
Apenas faltan tres meses para la reunión de París donde se discutirá un nuevo protocolo sobre cambio climático. Argentina no presentó su plan individual ni tomó medidas prácticas y concretas.
Mientras el mundo trata de armar un plan para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, Argentina demuestra –de múltiples maneras– que se ha desentendido del tema. Apenas faltan tres meses para la reunión de París donde se discutirá un nuevo protocolo internacional porque el cambio climático exige frenar el aumento de la temperatura media del planeta, a riesgo de sufrir graves consecuencias. Argentina no sólo no ha presentado su plan individual, sino que no ha tomado medidas prácticas, concretas y relativamente simples para reducir sus emisiones.Un claro ejemplo es que el país no cuenta con normas que limiten las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el principal responsable del cambio climático, de los vehículos, que provocan el 13 por ciento de nuestros gases contaminantes. En otras palabras, las inspecciones técnicas de los vehículos que se realizan en Córdoba y en otros puntos del país no tienen en cuenta este aspecto clave.Si el país, como Europa y Estados Unidos, exigiese a la industria automotriz autos más amigables con el medio ambiente, reduciría en más de un diez por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero. Para tener un punto de comparación, la Unión Europea comenzó a regular la cuestión en 1999 por una doble vía: desde entonces, todo auto, nuevo o usado, debe informar cuánto CO2 emite medido en gramos por kilómetro (g/km), así como su eficiencia energética (cuántos litros de combustible consume cada 100 kilómetros). Y en 2009, se fijaron límites a las automotrices, que se tornan más rigurosos con el paso del tiempo: si este año, un auto nuevo puede emitir hasta 130 g/km, en 2021 sólo podrá emitir 95 g/km, casi un 25 por ciento menos. Eso significa que los fabricantes deben esforzarse cada vez más para reducir la contaminación que producen sus modelos.Esas mejoras en el funcionamiento de los coches, además, van de la mano con la eficiencia energética: en Argentina, donde no existen este tipo de regulaciones, el mismo vehículo puede llegar a consumir más del doble de nafta que el producido y comercializado en Europa. De ello se deduce fácilmente que los nuestros son más contaminantes, amén de que nos hacen gastar más dinero en más litros de combustible.El ejemplo europeo también nos demuestra que los empresarios están dispuestos a cumplir las normas, apostando toda su creatividad para cumplir las metas que les impone el Estado. Pero cuando el Estado no los regula ni controla, como es el caso argentino, sus inversiones y sus producciones no se realizan de acuerdo a los parámetros internacionales más exigentes. Una vez más, debemos concluir que el Estado no nos cuida, aunque la actual administración diga combatir al "capitalismo salvaje".

