Educación: la década perdida
Los malos resultados de la Argentina en la reciente prueba Pisa –que mide las capacidades de estudiantes de 15 años– deben ser un llamado a la acción para el Ministerio de Educación nacional.
El resultado de la edición 2012 del Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (Pisa, por sus siglas en inglés) viene a corroborar la baja calidad de la educación argentina: entre 65 países, figura, en promedio, en el puesto 59. El relevamiento –que realiza cada tres años la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), para medir los conocimientos adquiridos por los estudiantes de 15 años– marca un retroceso respecto de 2009 y, más grave aún, demuestra que en los últimos 12 años no hubo ningún tipo de avance.No estamos frente a una foto, sino frente a una película que se proyecta hacia el futuro: quienes tenían 15 años en 2000, hoy tienen alrededor de 27; quienes hoy tienen 15, tendrán esa edad hacia 2025. Ambas generaciones se parecen en la mala educación recibida y en cómo esta afecta la continuidad de sus estudios y su inserción laboral. El fracaso de los primeros no ha servido para impedir el fracaso de los segundos.Esto es así porque la prueba abarca tres disciplinas –Matemáticas, Lengua (comprensión lectora) y Ciencias– y se propone estimar si los estudiantes saben utilizar los conocimientos adquiridos en la escuela para resolver problemas relacionados con la vida real.Si se desagregan los resultados, se advierte que Argentina ocupa el puesto 58 en Ciencias, el 59 en Matemáticas y el 61 en Lengua. Es decir que más de la mitad de nuestros estudiantes no tiene la capacidad mínima requerida para desempeñarse en ninguna de las tres disciplinas.Mientras que si se analiza la distancia entre el puntaje obtenido por los argentinos y los países más destacados, la diferencia equivaldría a unos tres años de escolaridad: es como si dijéramos que un joven de 15 años de esos países ya sabe más de lo que habrá aprendido un argentino a los 18.Más allá de esta prueba internacional, diversos estudios locales han coincidido en una serie de números dramáticos que pueden resumirse del siguiente modo: sólo uno de cada dos adolescentes termina el secundario; sólo uno de cada dos de los que terminan ese ciclo educativo puede comprender lo que lee; y sólo uno de cada tres está en condiciones de resolver un problema lógico matemático.Hay quienes agregan a ese cuadro algo más preocupante: sólo uno de cada tres docentes está en condiciones de resolver un problema lógico matemático y son escasos los docentes que leen.No deja de ser una señal positiva que el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, tras relativizar los resultados, finalmente haya admitido que el mal desempeño en la prueba Pisa es una responsabilidad del Estado central.La autocrítica es un primer paso. Ahora hay que avanzar en una profunda reconstrucción del sistema educativo del país.

