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D'Elía y la historia

Hasta ignotos antecedentes históricos -interpretados fuera de contexto- sirven a algunos jueces para mantener intacta la impunidad del piquetero kirchnerista.

22 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
D'Elía y la historia

Mientras el quehacer político no emite señal alguna de renuevo, ni en sus dirigencias, cuyas acciones proyectan ante la opinión pública una desdorosa imagen de desorientación, frivolidad y feria de lealtades, ni en sus discursos, que siguen plagados de desgastados estereotipos; algunos jueces no cesan de emitir fallos insólitos, que sorprenden por criterios que suelen desafiar al sentido común.

En estos días, la Sala I de la Cámara en lo Penal de la Capital Federal dispuso absolver al piquetero Luis D\'Elía, quien el 7 de mayo de 2009 había organizado una marcha en apoyo al kirchnerismo y en reclamo de incluir "más morochos" en las listas oficialistas. Se provocaron las inevitables perturbaciones en el tránsito, lo que indujo al fiscal Adolfo Bormida a pedir que el piquetero fuese condenado a pagar una multa de cinco mil pesos y a realizar una actividad académica vinculada con los derechos humanos, petición desestimada por los magistrados.

Los camaristas revisaron nuestra historia para explicar esa absolución y uno de ellos encontró como antecedentes similares la marcha a Plaza de Mayo del 17 de octubre de 1945 en apoyo al entonces coronel Juan Domingo Perón, y la convocatoria que hizo Juan Carlos Blumberg en reclamo de mayor seguridad, porque en ambos casos no se dieron los correspondientes avisos a las autoridades de la ciudad. Otro retrocedió aún más en el tiempo y se dio con la marcha encabezada por el abogado Joaquín Campana, "casi un ignoto en nuestra historia". Afirmó el magistrado que, en abril de 1811, "indios, mulatos y provenientes de la campaña y suburbios plebeyos de la ciudad se presentaron ante Plaza de Mayo en apoyo de Cornelio Saavedra y los suyos".

Si se trata de marchar sin permiso también podrían haberse mencionado las gigantescas manifestaciones que se realizaron cuando la Argentina se clasificó campeona mundial de fútbol en 1978 y 1986, o cuando el boxeador Pascual Pérez retornó al país con el título de campeón mundial de peso mosca (1954). Manifestaciones nunca han faltado en nuestro agitado pasado.

Lo que preocupa es que los camaristas soslayaran el invariable toque de racismo que D\'Elía incluye en sus arengas y, en cierto modo, también lo hizo el magistrado que aludió a los indios, mulatos y orilleros movilizados por Campana.

La religión, la raza y la política siguen en nuestro país al fútbol en la escala de valores que, puestos en discusión, pueden generar violencias de gravedad imprevisible.

Es verdad que se trató, en el caso del invulnerable D\'Elía, de un racismo por completo desgajado del sentimiento nacional, pero cuando esa prédica se suma al discurso neoiraní de inexistencia del Holocausto, la Justicia tiene el deber, tampoco cumplido en esta ocasión, de advertir acerca de los riesgos que supone la impune propagación de esa gangrena racista.