Temas del día:

Con el rumbo ya trazado

Para la Argentina, es una buena señal el triunfo de la candidata de Lula, Dilma Rousseff, quien prometió luchar contrala inflación y respetar a la prensa.

02 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Con el rumbo ya trazado

El triunfo de la candidata oficialista Dilma Rousseff en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil era previsible. Lo era no sólo por la amplia ventaja en la intención de votos del electorado, sino también porque resulta inimaginable un cambio de orientación en el modelo de Luiz Inácio Lula da Silva, quien hizo de la mayor nación sudamericana una de las potencias emergentes del mundo. Quizá puedan ajustarse algunas variables para obtener una real distribución equitativa de la riqueza, materia pendiente en la mayoría de los países sudamericanos, como lo advirtió, por caso, el chileno Ricardo Lagos.Brasil sigue padeciendo graves problemas de inequidades económicas y sociales. Es verdad que en este ámbito se arrancó de menos cero, porque, luego de aplastados los movimientos guerrilleros, las dictaduras militares fijaron como prioridad montar una infraestructura industrial que aprovechase dos grandes ventajas comparativas. Su incalculable patrimonio de recursos naturales y la imagen positiva que Brasil tiene buen cuidado de proyectar hacia el exterior.En un inmediato nivel de importancia, la política exterior de Itamaraty, cuyas líneas maestras se mantienen incólumes desde hace más de una centuria y neutralizan con inteligencia algunas desviaciones, como el experimento neofascista del "Estado Novo" de Getulio Vargas y el breve laboratorio de izquierda de Jango Goulart. Y su inquebrantable respeto por la seguridad jurídica, elementos decisivos para decidir inversiones extranjeras, que crecen de año en año.En la turbulenta década de 1970, Henry Kissinger, a la sazón secretario de Estado de Ronald Reagan, irritó a gran parte del Hemisferio –sobre todo a nuestro país– cuando pronosticó que Brasil sería la primera potencia de la región y recibiría, por ello, trato privilegiado de parte de Estados Unidos. La primera gran diferencia positiva que se advierte entre Dilma y Lula es que la nueva presidenta se ha manifestado de manera clara y decidida en favor de la libertad de expresión. Contradice a Lula, que se unió a la obsesión por el pensamiento único de varios de sus colegas vecinos y reivindicó en forma reiterada una brumosa "función social" de la prensa, expresión que, trasladada a la realidad, no suele ser más que un eufemismo de presiones y retorsiones contra el periodismo independiente.Pero, además, ratificó como objetivo la lucha contra la inflación –prioridad que la Argentina puso en un plano difuso–, como una forma de ayudar a los más pobres. De paso, implica seguir asegurándose el caudal de inversiones.Para nuestro país, es una buena noticia, tanto el triunfo de la candidata de Lula como sus objetivos, porque implican traccionar la producción industrial argentina y enviar señales de respeto a las libertades en democracia.